Por Liliana Baltazar Samayoa Pimentel
Los efectos que nos ha dejado la pandemia por el coronavirus han sido bastantes y no solamente en el ámbito educativo, en el sector económico que aglutina el comercio a nivel mundial, la caída de los precios de las materias primas, las baja en la producción, la reducción en la demanda de los servicios turísticos, han sido tratados de forma destacada, pero poco se ha hablado de los problemas que se han generado en la salud mental.
Desde la desconexión social, el cambio radical en el estilo de vida de las personas, los aumentos de síntomas psicopatológicos en el personal de salud, la alta exposición sobre noticias de la pandemia, síntomas de ansiedad, incertidumbre económica (desempleos), los duelos por perdidas de familiares y amigos, aumentos de suicidio, violencia doméstica, entre otros.
México es uno de los países con más estigma en esta área tan fundamental, como lo es cualquier otra. La desaprobación y actitudes negativas que tiene la sociedad hacia un grupo de personas que, basados en prejuicios y estereotipos, crean una imagen negativa, tanto del personal de esta área, como de quienes requieren ayuda psicológica, catalogándolos como inestables, violentos, dependientes y más.
Este rechazo a la salud mental tiene una explicación y es que tiempo atrás la psiquiatría, en presencia de las personas que tenían trastornos, eran consideradas como locas y peligrosas y eran aisladas de la sociedad. Hoy en día las formas de llevar la psiquiatría y la psicología son muy diferentes, por años de estudios que respaldan estas dos ciencias, pero ha costado trabajo desaparecer el estigma que se tiene a estas.
Esta pandemia ayudó un poco a darnos cuenta sobre lo mucho que nos puedo afectar a nivel emocional y, a mi parecer, la mercadotecnia lo hizo ver como lo más normal del mundo, tratando de resolver los problemas con aplicaciones de yoga y meditación para aligerar el momento por el que estamos pasando, con cursos gratuitos para aprender algo nuevo; pero, si bien es cierto es que estas maneras de distraer la mente, no harán desaparecer el malestar.
Aún es escasa la información que hay sobre qué tanto aumentó la intervención de psicólogos es esta pandemia, pero algo que es merecedor de mencionar es que las personas le dieron importancia a identificar comportamientos que iban surgiendo y abrió una oportunidad a comprender más de los trastornos y buscar una solución efectiva abriéndose a las terapias psicológicas sin recordar el estigma que se le tiene a esta profesión.
De esta manera los psicólogos tuvieron una oportunidad más para tener una intervención en la vida de las personas que tienen miedo a la enfermedad, así como a la intervención en personas que se les ha dificultado la adaptación e integración en situaciones donde hay violencia o conductas suicidas.