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Columnas
Sin duda positivo, aplaudible incluso si así lo quieren ver, lleno de absoluta coherencia y completamente benéfico para México, el sorpresivo movimiento realizado este jueves mediante el cuál fueron extraditados a Estados Unidos 29 narcos de altos vuelos, entre los que destacan el "histórico" narco de narcos, Rafael Caro Quintero, y los no menos relevantes hermanos Zetas, los Treviño Morales, protagonistas de las peores bajezas que un ser humano puede cometer en contra de sus semejantes.
Sin duda también vale la pena deshacerse de estas "bestias" a cambio de que se convenza al orangután naranja que despacha desde la Casa Blanca de no imponer aranceles a nuestro país.
También deja al descubierto las inmensas presiones que en este momento recaen sobre los hombros de la presidenta Sheinbaum, y que tan hábilmente y hasta con mucha suerte evadió el provocador de todo esto y que hoy descansa en su finca, agotado de tanto abrazar a los criminales y casi casi declararles su amor eterno, el mejor presidente de la historia dicen, ¿cuál será el peor?
Por eso mismo debería darnos vergüenza lo que hoy vemos, y movernos a la reflexión, por desgracia no sucederá ni lo uno ni lo otro.
Debería darnos vergüenza porque en cinco meses de una administración que ha estado sujeta a intensas presiones especialmente desde el 20 de enero, y que trata de disimular con gritos patrioteros de cuarta, hay que reconocer que se hizo lo que no se quiso hacer en 6 años de abrazos, 6 años de complicidad, 6 años de abdicación de la obligación primordial de un gobernante, 6 años de vergüenza que al parecer nunca nada ni nadie llamará a cuentas.
Bastaron cinco meses; de hecho bastó en realidad poco más de un mes, para poner las cosas en su lugar y tomar decisiones que en otras circunstancias no hubieran tomado, porque hay que reconocer también que sus primeras acciones y discursos estaban totalmente enfocados en mantener el cobijo a la barbarie y los abrazos como fuente principal de impunidad y saludo para quienes convirtieron a México en el mayor cementerio del planeta.
Es para celebrar, vale la pena sin duda; y también es para avergonzarse, ¿Cómo se puede cambiar todo en tan poco tiempo?, ¿Cómo se puede dejar de abrazar a los infames en cuestión de un mes y mandarlos a donde debería de estar desde hace muchos años?, la respuesta tiene una sola palabra: Trump.
Es vergonzoso pero al mismo tiempo esperanzador, y no por las acciones de quienes dicen que están del lado del pueblo pero permitieron masacres de diversas magnitudes, o permitieron que aquellos que masacraron en otras épocas siguieran viviendo impunemente, alimentados y cobijados por los impuestos de quienes trabajamos día con día para tratar de ser y hacer mejor las cosas.
Este 27 de febrero de 2025 debería ser recordado como el día en que regresó la coherencia y el sentido común al estado mexicano, y al mismo tiempo como el día en que quedó al descubierto que lo mismo traicionaron al país quienes lo llevaron a una guerra estúpida, como quienes abrazaron a los criminales con el vil argumento de que también son pueblo, y de que sus mamases y sus abuelitas los corregirían.
Por desgracia, un pueblo ignorante no tomará conciencia de esto, lo olvidará fácilmente, y si existe de por medio una pensión bimestral no hay la menor duda, hasta que desde fuera de nuestras fronteras, generalmente allende el Río Bravo, nos recuerden y obliguen a nuestros gobernantes a actuar con un poco de coherencia.
Seguramente las extradiciones de estos 29 asesinos en toda la extensión de la palabra permitirá que se le perdonen los aranceles a nuestro país y no reciba el golpe brutal esperado por una medida de tal magnitud, algo que también nos esconden.
Sí, lo nunca antes visto o cuando menos no tan evidente; temas de seguridad que han llevado a temas económicos. El intercambio de 29 "bestias" a cambio de que la economía de México no entre en una recesión terrible que la podría llevar a perder millones de empleos, un círculo vicioso ya muy conocido por generaciones y generaciones de mexicanos.
Valió la pena, sin duda. ¿Por qué no se hizo antes?, pues porque según nos dijeron estábamos no bien, ni muy bien, sino requetebien. No había necesidad de tocar al pueblo narco, porque si el dicho era que los narcos también son pueblo, entonces el pueblo también es narco.
Sin embargo nunca podrán esconder que fueron doblegados y obligados a actuar con coherencia y tomar medidas que.con el pretexto absurdo del respaldo popular, nunca habrían tomado, como si el pueblo también fuera narco y cómplice, como lo fueron ellos.