El abucheo inducido contra la Presidenta o el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, solo existe en la mente de los opositores con derecho a micrófono. Su necesidad por descalificar a quienes los dejaron sin subsidios a los medios, necesitan argumentar mentiras para construir historias que no existen pata provocar la ira del pueblo.
Desde finales del sexenio del expresidente, los comentaristas de noticias, autodemominados analistas, reiteraban obsesivamente que Andrés Manuel López Obrador no podría salir a la calle o comer en un restaurante porque sería abucheado. Sucede lo contrario.
Ahora, con la presidenta Sheinbaum anuncian lo mismo sin que ocurra el abucheo anunciado y programado por una derecha que debe recurrir a este tipo de pronósticos para mostrar vida. Anuncian que hay miedo de los integrantes de Morena por ser abucheados en público, pero, en realidad, son otros: los líderes de la derecha, dirigentes de partidos opositores y sus excandidatos han recibido muestra continua de rechazo popular.
Un lector de noticias aseguraba que más de un miembro del actual y anterior sexenio encontraría en el abucheo el final de su carrera política. Los verdaderos políticos reconocen que sus simpatías son finitas y se retiran antes de concluir su carrera, contrariamente a lo que sucede con los conservadores que, por no retirarse a tiempo, sólo reciben abucheos, como es el caso de Xóchitl, Fox, Calderón, todos ellos maltratados en la calle.
El más reciente fue la generalizada mentada de madre al evasor fiscal Ricardo Salinas Pliego, quien se considera apto para ser candidato a la Presidencia de la República por la derecha, sin partido ni vergüenza.
El abucheo se convierte en insumo mediático, no es condena ni sentencia, pero a veces no es difundido cuando se trata de opositores, a quienes los medios protegen por tener intereses comunes, como en el caso del dueño de TV Azteca.
El abucheo es una amenaza que no se ha cumplido a pesar de su profusa difusión, contra el gobierno. La oposición hermanda con los medios aseguran que hay corrupción pero no señalan, dónde, cuándo, quién, cuánto. Es más fácil que sea el gobierno quien muestre las corruptelas de sus propios integrantes que la oposición obtenga evidencia de sus dichos.
El día que esto suceda será mostrado a ocho columnas de diarios impresos y los titulares de televisión comercial tendrán la nota al inicio de sus noticieros. La oposición todavía no se acostumbra a los abucheos. Lo adjudica siempre a gente pagada por el gobierno.
El abucheo se ha desgastado con el tiempo, en la antigua Grecia podría condenar al destierro un cónsul o a un senador, hacer añicos a un dramaturgo. Ahora, se ha convertido en el sueño imposible de una oposición que busca rechazo donde hay aceptación y aceptación donde hay rechazo.