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Cinco desafíos para avanzar hacia una sexualidad femenina más informada y equitativa

Cinco desafíos para avanzar hacia una sexualidad femenina más informada y equitativa

Tendencias lunes 31 de agosto de 2026 -

Jaime Arturo Ruiz | @jaimeruizmx
jaime@primermovimiento.com

- Especialistas señalan que cambiar los guiones, conocer el cuerpo y priorizar el placer de ambas personas son pasos fundamentales para reducirla.

La llamada brecha del orgasmo persiste en las relaciones heterosexuales y apunta menos a una diferencia biológica que a la manera en que se aprende, se comunica y se practica la sexualidad.

Hablar de sexualidad también implica hablar de placer. Sin embargo, durante décadas, el orgasmo femenino ha ocupado un lugar secundario dentro de la conversación pública y, en muchos casos, dentro de las propias relaciones sexuales.

La evidencia científica muestra que esta desigualdad no es una cuestión sencilla de anatomía. Un estudio ampliamente citado encontró que los hombres heterosexuales reportaban alcanzar el orgasmo en 86% de sus encuentros sexuales con una pareja conocida, frente a 62% de las mujeres heterosexuales: una diferencia de 24 puntos porcentuales.

Investigaciones posteriores continúan documentando esta brecha y señalan que las mujeres que tienen relaciones sexuales con mujeres suelen reportar orgasmos con mayor frecuencia que las mujeres que tienen relaciones sexuales con hombres.

Más recientemente, un estudio experimental publicado en Archives of Sexual Behavior encontró que las expectativas de estimulación del clítoris y la percepción de que la pareja busca activamente el orgasmo femenino influyen en las expectativas de alcanzar el clímax. En otras palabras, la manera en que se construye el encuentro sexual puede modificar la experiencia de placer.

En el marco del Día Internacional del Orgasmo Femenino, que se conmemora el 8 de agosto, la fecha representa una oportunidad para visibilizar el llamado Orgasm Gap o brecha del orgasmo y abrir una conversación sobre los factores culturales, educativos y relacionales que todavía pueden limitar el placer femenino.



Con base en las investigaciones disponibles y en la perspectiva de Denisse Flores, educadora sexual y Coordinadora de Programas Sociales en DKT México y Condones Prudence, estos son cinco de los principales retos para avanzar hacia una sexualidad más equitativa:

1. Cambiar el “guion” tradicional de la sexualidad

Durante años se ha instalado la idea de que una relación sexual debe seguir una secuencia determinada: excitación, penetración, orgasmo masculino y final. Bajo este modelo, otras prácticas pueden quedar relegadas a la categoría de “preliminares”, como si fueran únicamente una preparación para la penetración.

El problema es que ese guion no necesariamente coincide con las formas en que muchas mujeres experimentan el placer. La investigación muestra que las actividades que incluyen estimulación del clítoris —como la estimulación manual, el sexo oral o el uso de juguetes— están asociadas con mayores probabilidades de orgasmo, mientras que la penetración vaginal por sí sola es menos confiable para muchas mujeres.

Por ello, hablar de placer femenino también implica ampliar la definición de lo que constituye una relación sexual satisfactoria: explorar diferentes ritmos, estímulos y prácticas, incluyendo la estimulación de senos y pezones, vulva y clítoris, así como sexo oral, siempre desde el consentimiento y las preferencias de cada persona.

2. Dar al clítoris el lugar que merece

Uno de los datos más contundentes para comprender la brecha está relacionado con el clítoris. Una investigación citada por trabajos recientes encontró que 96% de las mujeres encuestadas identificaron la estimulación del clítoris, sola o combinada con penetración vaginal, como su vía más confiable para alcanzar el orgasmo; únicamente 4% señaló la penetración vaginal por sí sola.

Esto no significa que todas las mujeres necesiten el mismo tipo de estimulación ni que exista una única manera “correcta” de alcanzar el orgasmo. La experiencia sexual es individual. Lo que sí evidencia la investigación es que reducir el sexo a la penetración puede dejar fuera una de las principales fuentes de placer para muchas mujeres.

Un estudio publicado en 2026 en Archives of Sexual Behavior, que analizó las experiencias sexuales de 27,931 usuarias de la aplicación Flo, encontró que la estimulación del clítoris por parte de la pareja era una de las actividades sexuales en pareja más frecuentes. Además, la mayor frecuencia de orgasmo estuvo asociada, entre otras prácticas, con el uso de juguetes sexuales y la penetración acompañada de estimulación del clítoris.

En este contexto, productos destinados a la exploración sexual, como la línea de juguetes de Prudence, pueden formar parte de una experiencia de autoconocimiento o de exploración en pareja, siempre que se utilicen de manera segura, consensuada y de acuerdo con las preferencias individuales.

3. Hablar más sobre el placer

Saber qué produce placer es importante; poder comunicarlo también.

Decir qué gusta, qué no, qué se quiere probar, qué debe detenerse o qué tipo de estimulación resulta agradable puede transformar la experiencia sexual. Sin embargo, hablar abiertamente sobre estos temas todavía puede generar vergüenza, inseguridad o miedo a ser juzgado.

La investigación reciente refuerza la importancia de la comunicación y de la atención que la pareja presta al placer femenino. Estudios sobre experiencias sexuales de mujeres han identificado que factores como tener una pareja que conoce lo que les gusta, disponer de tiempo para incrementar la excitación y no sentirse apresuradas están relacionados con una experiencia orgásmica más satisfactoria.

La comunicación, por tanto, no debe entenderse como una conversación que ocurre únicamente antes del encuentro sexual. También puede formar parte de él: preguntar, escuchar, observar las respuestas de la pareja y ajustar las prácticas de acuerdo con lo que ambas personas desean.

4. Entender que el placer es responsabilidad compartida

La brecha del orgasmo también cuestiona una idea arraigada: que el placer masculino es una responsabilidad compartida, mientras que el femenino depende exclusivamente de que la mujer “conozca su cuerpo”.

El autoconocimiento es fundamental, pero no explica por sí solo las diferencias observadas. La investigación sobre los llamados guiones sexuales muestra que las expectativas respecto de la estimulación del clítoris y la búsqueda activa del orgasmo femenino por parte de la pareja pueden influir en las expectativas de placer.

Además, los estudios recientes apuntan a que una mayor variedad de actividades sexuales en pareja se relaciona con una mayor frecuencia de orgasmo y satisfacción. En el estudio de 2026 con usuarias de Flo, la frecuencia de orgasmo durante el sexo en pareja fue un predictor positivo de satisfacción sexual, mientras que una mayor variedad de actividades sexuales en pareja también se asoció con mayor frecuencia de orgasmo y satisfacción.

La conclusión es clara: reducir la brecha no significa trasladar toda la responsabilidad a las mujeres. Significa construir encuentros en los que el placer de todas las personas involucradas tenga la misma importancia.

5. Incorporar el placer a la educación sexual

Durante mucho tiempo, la educación sexual se ha concentrado principalmente en prevenir embarazos no planificados e infecciones de transmisión sexual. Estos conocimientos continúan siendo indispensables, pero una educación sexual integral también debe incluir consentimiento, autonomía corporal, comunicación, diversidad sexual, conocimiento anatómico y placer.

Conocer cómo funciona el cuerpo permite desmontar mitos. Por ejemplo, asumir que la penetración vaginal debe ser la principal vía hacia el orgasmo femenino puede generar expectativas poco realistas y hacer que algunas mujeres interpreten como un problema personal algo que en realidad está relacionado con un modelo sexual limitado.

La literatura científica reciente sobre la brecha del orgasmo destaca precisamente el peso de los factores socioculturales y de los guiones sexuales, además de los factores individuales, para explicar por qué persisten estas diferencias.

El placer también es salud sexual

La conversación sobre el Orgasm Gap va más allá de alcanzar o no un orgasmo. La satisfacción sexual forma parte de la salud sexual y se relaciona con el bienestar y la calidad de vida. Al mismo tiempo, convertir el orgasmo en una obligación también puede generar presión: no todas las experiencias sexuales tienen que terminar en un clímax para ser satisfactorias.

El objetivo, por ello, no debería ser establecer una nueva regla sobre cómo debe vivirse la sexualidad, sino ampliar las posibilidades para que cada persona pueda conocer su cuerpo, expresar sus deseos y establecer límites con libertad.


> “Durante mucho tiempo aprendimos que la sexualidad debía seguir un mismo guion, donde el orgasmo masculino marcaba el final del encuentro. Hoy sabemos que esa idea deja fuera las necesidades y el placer de muchas mujeres. El Orgasm Gap no habla de una diferencia biológica, sino de la oportunidad que tenemos de transformar la manera en que vivimos la sexualidad: con más información, más comunicación y entendiendo que el placer femenino también es un indicador de bienestar y de salud. Hablar del orgasmo femenino no es un tabú, es una conversación necesaria para construir relaciones más equitativas y satisfactorias”, señaló Denisse Flores.

En ese sentido, Prudence hace un llamado a continuar impulsando una educación sexual basada en evidencia, derribar los mitos que todavía limitan el conocimiento del cuerpo y promover una visión integral de la salud sexual.

Porque una vida sexual saludable no se limita a prevenir riesgos. También implica contar con información, ejercer el consentimiento, conocer el propio cuerpo, comunicarse con la pareja y reconocer que el placer merece un lugar dentro de una sexualidad libre, informada y equitativa.

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JC/CR

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