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Columnas
Hoy en día los procesos humanos se han vuelto mecánicos, automáticos. Se hace lo que todos hacen. Lo que siempre se ha hecho. Difícilmente las personas nos ponemos a pensar con claridad en los fines, los objetivos de los procesos que hemos asimilado e interiorizado como válidos, útiles o necesarios.
Trabajamos cinco días a la semana, en horarios extenuantes, para “gozar” de dos días de descanso, que usualmente se ocupan en diversas tareas distintas al descanso.
Nuestra marcha habitual es poco consciente. O mas bien, inconsciente. Y el sistema parece estar hecho para asegurar que las cosas se mantengan de esa forma.
Es necesario hacer un alto. Reflexionar. Despertar de nuestro largo sueño. Nuestro letargo. Crear consciencia. Conciencia individual, social, ambiental. Saber por qué hacemos lo que hacemos, y no solo seguir a la “manada.”
Es conveniente clarificar los objetivos que queremos alcanzar, definir los medios yhacer que coincidan.
Hay en la actualidad una tendencia a la búsqueda de razones trascendentes, que vayan más allá de lo evidente, de lo visible. Pero no es necesariamente un retorno a lo religioso. Mas bien, es un movimiento hacia la espiritualidad. Menos teórico o dogmático, y mas encaminado a lo experencial, al aprendizaje vivencial.
El elemento central del nuevo aprendizaje espiritual no es la figura de dios, sino la noción del amor como naturaleza y esencia de la experiencia humana.
Se trata de una idea del amor que va mucho más allá de la perspectiva romántica. El amor universal e incondicional hacia todos los seres sintientes. Esta perspectiva de la nueva era (new age) coincide plenamente con la filosofía budista.
Estos pensamientos permitirían construir relaciones profundas y significativas con las demás personas, con la naturaleza y todos los seres.
Experimentar en uno mismo y hacia el exterior esa sensación de unidad con el todo. Esa corriente o flujo que se mueve en todo el universo, que nos mantiene unidos. Para algunos es la presencia de un dios omnipresente. Para otros es la sensación de conexión con la fuente de todo bienestar. Lo inefable.
Decir “dios”, “universo” o cualquier otro concepto sustitutivo, son distintas maneras de referirse a esa fuente que constituye el origen y fin de todo lo que nos rodea.
Esta corriente de pensamiento se fundamenta en el regreso a conocimientos y saberes ancestrales, el uso de medicinas tradicionales de la tierra, música consciente, y conocimientos teóricos y experienciales, entre otras herramientas. Muchas personas nos sentimos perdidas, confundidas ante la cantidad de información y estímulos externos, el rápido ritmo de la vida y las consecuencias negativas a la salud a través de síntomas como la ansiedad y el estrés.
Flor de Loto: Despertar la conciencia es volver a descubrir la esencia de la naturaleza humana: el amor.