El Domingo de Ramos conmemora la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, un episodio narrado en los evangelios que marca el inicio de la Semana Santa y uno de los momentos más representativos del calendario litúrgico cristiano.
De acuerdo con la tradición, Jesús fue recibido por una multitud que lo aclamaba como rey, agitando ramas de palma y colocándolas en su camino como símbolo de honor y reconocimiento. Este gesto es el origen de la principal práctica que distingue a esta fecha: la bendición de palmas en templos y parroquias, las cuales posteriormente son llevadas por los fieles a sus hogares como signo de protección y fe.
En distintos países, incluido México, es común que las palmas sean elaboradas en formas trenzadas o decoradas con figuras religiosas, lo que refleja la riqueza cultural y artesanal ligada a esta celebración. Además, muchas comunidades realizan procesiones que recrean la entrada de Jesús a Jerusalén, fortaleciendo el sentido colectivo y espiritual de la fecha.
El Domingo de Ramos no solo tiene un carácter festivo, sino también simbólico, ya que anticipa los eventos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, invitando a los creyentes a la reflexión y preparación espiritual durante la Semana Santa.