Por @RenegadoRadio
La llegada de la gira "Ecos" a México ha despertado un fenómeno que oscila entre el fervor religioso y el escepticismo más ácido. Soda Stereo, o lo que queda de esa entidad mística que definió el rock en español, vuelve a pisar escenarios mexicanos, pero la pregunta que flota en el aire viciado de los recintos no es qué tan bien suenan Zeta y Charly, sino: ¿hasta cuándo es lícito estirar la nostalgia?
Para muchos, presenciar "Ecos" es una experiencia necesaria, un cierre o una comunión con el pasado. Sin embargo, para el ojo crítico, el despliegue tecnológico parece más un ejercicio de exhumación digital que un concierto de rock.
Para los reacios, hay un vacío que ninguna resolución en 8K puede llenar.
La potencia de Zeta Bosio y Charly Alberti sigue ahí, intacta y México siempre ha sido el segundo hogar de Soda. Aquí se les quiere con una intensidad que raya en la obsesión.
Se nota un esfuerzo supremo en las luces y el diseño visual minimalista. Mientras las nuevas generaciones descubren himnos como En la ciudad de la furia a través de estas pantallas gigantes, los veteranos no pueden negar que la nostalgia es una droga poderosa.
He escuchado muchas opiniones, la mayoría a favor del show. Lo interesante son tantos críticos de sofá que ni siquiera fueron al concierto y opinan con una seguridad que da miedo ¿Cómo le hacen para hablar de algo que no conocen?
Al final del día, "Ecos" es exactamente lo que su nombre indica: el rebote de un sonido, es un espectáculo visualmente imponente. La pregunta es:
¿Es esta gira el homenaje definitivo que el rock en español merecía, o preferirías que el legado de Soda Stereo se mantuviera exclusivamente en los álbumes de estudio?
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