El presidente de Argentina, Javier Milei, atraviesa una de sus pruebas más críticas desde que asumió el poder. La confianza de los inversionistas se ha desplomado, lo que ha generado una salida masiva de capitales y una fuerte presión sobre el peso argentino, en medio de crecientes temores a un colapso cambiario.
Durante la jornada más reciente, el Banco Central debió intervenir con 678 millones de dólares para abastecer la demanda de divisas y frenar la caída de la moneda. En apenas tres días, las ventas de reservas ascendieron a 1,100 millones de dólares, una cifra alarmante para un país cuya disponibilidad líquida de divisas internacionales no superaría los 20,000 millones de dólares, según estimaciones de economistas.
Milei reconoció el nerviosismo de los mercados al admitir que se encuentran en “modo pánico”. El mandatario ha basado su gobierno en la promesa de erradicar la inflación crónica que afecta a los argentinos, por lo que la estabilidad del peso resulta esencial para sostener su credibilidad y la de su programa de reformas económicas.
De acuerdo con Derek Holt, vicepresidente de Scotiabank, la estrategia de gastar reservas a un ritmo acelerado podría derivar en un escenario de hiperinflación descontrolada, exactamente lo que Milei ha prometido evitar. El analista advirtió que la sostenibilidad de las reformas libertarias está en riesgo, lo que podría agravar la incertidumbre económica y social.
El panorama político añade más presión: con elecciones legislativas de medio término a la vuelta de la esquina, el respaldo a La Libertad Avanza en las encuestas ha disminuido. Un revés en las urnas dejaría al presidente sin el apoyo suficiente en el Congreso para avanzar con su agenda de libre mercado.
En paralelo, Milei viajó a Córdoba para participar en el 125º aniversario de la bolsa local, en un intento por enviar señales de confianza. Más tarde, tenía previsto encabezar un acto proselitista, buscando reforzar la movilización de sus simpatizantes frente al desafío electoral.
La combinación de un peso en caída, la reducción de reservas internacionales y el temor de los inversionistas amenaza con convertirse en el mayor reto del gobierno de Milei. El desenlace de esta crisis definirá no solo el rumbo económico del país, sino también la viabilidad política de su proyecto.