“Yo nunca tendré justicia plena, pero el dinero no va a devolver mi piel”, expresó la saxofonista y activista María Elena Ríos, sobreviviente de un ataque con ácido ocurrido en 2019 en Oaxaca, al hablar sobre las consecuencias permanentes que ha dejado la agresión en su vida física, emocional y social.
Ríos, quien se ha convertido en una de las principales voces contra la violencia ácida en México, reiteró que las secuelas del ataque no pueden ser reparadas con compensaciones económicas, ya que las lesiones en su rostro y cuerpo, así como el impacto psicológico, son irreversibles. Su testimonio se da en el contexto de un proceso judicial que, a casi siete años de los hechos, continúa sin una sentencia definitiva.
La activista ha denunciado de forma constante presuntas irregularidades en el proceso penal relacionado con su agresión, así como la falta de una resolución firme que sancione a los responsables. En sus declaraciones públicas, ha insistido en que su caso refleja la situación de impunidad que enfrentan muchas mujeres víctimas de violencia en el país.
El ataque con ácido que sufrió Ríos es considerado uno de los casos más emblemáticos de este tipo de violencia en México, lo que ha impulsado el debate público y reformas legales orientadas a tipificar y sancionar de manera más severa las agresiones con sustancias corrosivas.