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Columnas
Soy diputada federal del emblemático barrio de Tepito y este 8 de marzo saldré a marchar. Me duele que, cada día, diez mujeres no regresen a casa. Por segundo año consecutivo, las mujeres de mi barrio marcharemos juntas, porque en el barrio existimos porque resistimos. Somos protagonistas de la transformación en México, agentes de cambio que no se rinden.
Mientras pienso en las mujeres que saldremos a marchar el próximo sábado, vienen a mi mente los versos de una joven poeta: "Tienes nombre de mujer, de mujer valiente que se planta, de mujer que se planta y lucha, de mujer que lucha y vence, pero también tienes nombre de mujer que muere porque alguien la mata".
El 8M es el día de todas las mujeres, especialmente de aquellas que han sido olvidadas y violentadas, al margen de toda política institucional. De las que vieron negado su derecho a soñar, de las que no pudieron ir a la escuela, de las que renunciaron a su desarrollo profesional y con ello a la seguridad social por cuidar de sus seres queridos, de su familia y del macho que les dijo que no podían trabajar. De aquellas que hoy perciben un sueldo desigual. De la madre que busca justicia por su hija desaparecida, de la maestra y la médica que exigen condiciones laborales dignas. De las activistas por los derechos, de la líder indígena o campesina que defiende sus raíces. De la joven que lucha por decidir sobre su cuerpo, de la periodista que alza la voz, de la que no se calla y defiende su derecho a la libertad de expresión. De las comerciantes que salen todos los días a la calle porque se les negó el derecho a un trabajo formal. De las mujeres diversas que son violentadas por ejercer su derecho a amar. De todas aquellas que, sin rostro y sin voz, luchan cada día por un presente justo, igualitario e incluyente. De las que viven en silencio, de las que callan por miedo, de las que hemos sido víctimas de una institucionalidad carente de perspectiva de género, que nos discrimina, que nos juzga, que nos revictimiza.
De las mujeres que murieron en el viejo régimen durante la disfrazada guerra contra el narco, de aquellas cuyos nombres desconocemos, pero de quienes hoy sabemos que fueron enviadas a morir por el feminicida Genaro García Luna y sus secuaces.
Nuestra sociedad ha estado marcada por la discriminación de género y las múltiples violencias que se siguen manifestando en diferentes formas contra nosotras. Por ello, abrazo con sororidad a las mujeres que este 8 de marzo saldremos a las calles a alzar la voz.
Como representante popular, he trabajado desde mi trinchera para dejar claro que las mujeres somos sororas, que somos trabajo, empatía, valor y fortaleza cuando de luchar por nuestros derechos y su protección se trata. Porque hemos tenido la capacidad de poner al centro de todo nuestro trabajo la dignidad, por encima de colores e ideologías. Porque cuando tocan a una, nos tocan a todas. Porque el universo, la luz y la vida salen de nuestras piernas. Porque sin mujeres, no hay democracia.
María Rosete