Los medios se quedaron con la vieja idea de la demagogia prianista que, a la visita del Presidente o el gobernador, el desastre solucionaba buena parte del problema, cuando en realidad, lo que hacía era entorpecer las tareas de rescate.
El culto a la personalidad manipulaba a grado tal que la ayuda real del gobierno se reducía a la presencia del Presidente.
La seguridad de los presidentes del pasado que no eran siquiera merecedores ni de una bala en la cabeza, aumentaba el circo que caminaba por las calles afectadas anunciando pronta recuperación, una recuperación que nunca llegó. Pero los medios aplaudían porque tenían dinero por su cobertura, ya que ésta implicaba no solo desplazar equipo de reporteros y cámaras al lugar de la tragedia sino un pago adicional y generoso, por cumplir con su deber y un plus: la entrevista con el mandatario.
Había más fotos que texto en las noticas, fotos y texto sin contenido, vacías como las cajas de despensa que entregaban. La máxima donación era una cobija.
Esa realidad ya pasó, y en términos reales la visita de los presidentes o gobernadores es innecesaria, si no conocen el protocolo ni están capacitados en estrategias de rescate.
La estrategia es diferente, como los medios saben que no habrá dinero, hacen coro con los ingenuos que denuncian que los funcionarios no han visitado la zona, como si ellos fueran quienes deben operar la ayuda, y una vez que están en el lugar del desastre golearlos con críticas y exigencias basadas en mentiras, como el caso de la gran mentira de estudiantes desaparecidos.
Para la derecha, los ingenuos, que todavía los hay, y los medios, el hecho de que no visiten el lugar dañado diputados, senadores, gobernadores y hasta la Presidenta es sinónimo de indiferencia, aunque estén trabajando 24 horas en la distribución de apoyos, o como si estos funcionarios fueran expertos en cargar piedras o desazolvar.
La visión del desastre a pesar de que era absurda, negaba toda ayuda, no era real, se convertía en un obstáculo para la reconstrucción, como sucedía con el Fonden, del que varios medios fueron más beneficiados que los propios damnificados, aquí y ahora lo que importa es presionar para que regrese el subsidio millonario del gobierno a los medios.
Esto en Veracruz tiene ya una larga lucha estéril, de medios, reporteros y columnistas que utilizan la extorsión desde hace años, como medida de presión para alcanzar convenios de publicidad y si a esto agregamos un desastre de la magnitud que sucedió en la entidad, encontramos una guerra feroz contra todas las autoridades del estado, que sólo muestran su desesperación para que vuelvan los tiempos del corrupto de Fidel Herrera que les regaló hasta el título de reporteros hasta a quienes leían los horóscopos.