El papa León XIV denunció este sábado, durante su visita pastoral a la isla italiana de Lampedusa, que los miles de migrantes fallecidos en el mar Mediterráneo son consecuencia tanto de decisiones tomadas como de decisiones omitidas, y criticó la indiferencia frente a la crisis humanitaria.
En la homilía celebrada en la isla, el pontífice comparó la parábola del buen samaritano con la situación actual, señalando que la corrupción en los países de origen, los intereses económicos globales y la falta de políticas eficaces perpetúan el sufrimiento de quienes buscan llegar a Europa. “El mar se ha quedado con los otros, aquellos que no han conseguido llegar a donde esperaban”, expresó.
Ataviado con una casulla azul que evocaba las olas del mar, León XIV recordó el viaje de su antecesor Francisco en 2013 y agradeció a los habitantes de Lampedusa por su labor de acogida. También subrayó que la pertenencia religiosa no debe ser motivo de discriminación y llamó a construir una “civilización del amor”.
El pontífice reclamó a Europa asumir su responsabilidad histórica y cultural frente a la migración, proponiendo una estrategia de largo alcance que combine auxilio inmediato con políticas de integración y desarrollo. Advirtió que la cultura de la acogida no puede verse eclipsada por la actividad turística y alertó sobre el riesgo de levantar un “muro invisible” entre el mar de los náufragos y el de los veraneantes.
La visita incluyó una parada en el cementerio local, donde depositó una ofrenda floral en memoria de las víctimas del Mediterráneo, reforzando su mensaje de solidaridad y responsabilidad compartida.