La revocación de la visa estadounidense a Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, ha generado un fuerte debate sobre las motivaciones políticas detrás de esta decisión. El anuncio, realizado el 14 de agosto de 2026 a través de una carta pública dirigida al expresidente Donald Trump, acusó al secretario de Estado Marco Rubio y al subsecretario Christopher Landau de actuar sin presentar pruebas de conducta indebida. Esta acción ha sido interpretada como un movimiento deliberado para debilitar al gobierno de Claudia Sheinbaum en el plano internacional.
La presidenta Sheinbaum respondió con firmeza, calificando la cancelación como una injerencia en los asuntos internos de México. En su conferencia de prensa, exigió que, si existen acusaciones contra López Beltrán, se presenten evidencias concretas ante las autoridades correspondientes. Asimismo, descartó abrir una investigación en México basándose únicamente en la decisión unilateral de Washington, subrayando que su administración no actuará bajo presiones externas sin sustento legal.
La Embajada de Estados Unidos en México defendió la medida, señalando que las visas pueden ser revocadas por razones de seguridad o conveniencia, sin importar el estatus o la afiliación política del titular. Sin embargo, este argumento no ha calmado las críticas en el ámbito político mexicano, donde diversos actores, incluidos miembros de Morena, consideran que se trata de una represalia por posturas soberanas del gobierno actual. La situación ha avivado el debate sobre la asimetría en la relación bilateral y el uso de herramientas administrativas con fines políticos.
Este caso no es aislado, pues se estima que al menos 50 políticos mexicanos han visto canceladas sus visas en los últimos meses, entre ellos gobernadores como Alfonso Durazo, Américo Villarreal y Marina del Pilar Ávila. Estas acciones han sido vistas como una estrategia para presionar a funcionarios que han mantenido posiciones críticas hacia Estados Unidos, generando un clima de incertidumbre en los intercambios diplomáticos. A pesar de ello, ambos gobiernos han mostrado señales de querer contener el daño, manteniendo canales de cooperación en materia de seguridad.
De hecho, la colaboración bilateral en seguridad continúa avanzando, como lo demuestra el acceso de México a la compra de drones estadounidenses y la participación del secretario Omar García Harfuch en una conferencia de la DEA en Argentina. Estos gestos evidencian que, pese a las fracturas visibles, existe una voluntad compartida de preservar los acuerdos operativos. No obstante, la cancelación de visas a figuras políticas mexicanas plantea interrogantes sobre el futuro de la relación y la necesidad de establecer mecanismos más transparentes que eviten interpretaciones de injerencia política.