Bunbury vuelve al Auditorio Nacional y convierte la nostalgia en una nueva mutación
Tras caso una década de ausencia, Bunbury reconquistó al Auditorio Nacional con 21 canciones y emoción.
Diez años pueden parecer una eternidad, pero para Enrique Bunbury el tiempo se diluyó en cuanto volvió a pisar el escenario del Auditorio Nacional. El cantante español reencontró a su público mexicano con el primero de cuatro conciertos de su Nuevas Mutaciones Tour, una noche en la que el rock, la cercanía y la complicidad demostraron que algunos vínculos permanecen intactos.
La oscuridad cubrió el recinto. Las campanadas anunciaron el comienzo de una experiencia distinta: músicos vestidos de blanco, iluminación roja y una voz que invitó a los asistentes a vivir el concierto sin permitir que las pantallas les robaran el momento.
“Buenas noches y bienvenido, esta noche vamos a compartir una experiencia cien por ciento humana”, se escuchó antes de pedir respeto y consideración para quienes deseaban disfrutar el espectáculo sin teléfonos celulares.
La respuesta llegó con el grito de aproximadamente 10 mil personas. Sin mediar palabra, Bunbury apareció para interpretar “Creer que se puede creer” y “Las chingadas ganas de llorar”, dos temas con los que encendió una velada que pronto se transformó en celebración.
Bunbury recupera la cercanía con sus seguidores mexicanos
Vestido con traje rojo y camisa amarilla, el músico saludó al público y expresó su emoción por regresar a un escenario que le ha brindado grandes momentos.
“México, es un inmenso placer y un honor volver a este escenario en el que tanto he disfrutado. La última vez que estuvimos aquí fue hace 10 años más o menos”, afirmó antes de dar la bienvenida a sus “Nuevas Mutaciones”.
Con “Infinito”, abandonó el fondo del escenario para acercarse a los asistentes que rodeaban la parte frontal de la tarima. Se agachó, extendió la mano y sostuvo miradas con algunos seguidores, mientras “La actitud correcta” lo llevó de un extremo a otro, entregado a la energía del recinto.
La petición de guardar los celulares encontró eco entre los asistentes: apenas algunas pantallas se levantaron durante las canciones. Bunbury también dedicó palabras a quienes observaban desde los niveles superiores: “No crean que no los vemos allá arriba, estamos con todos vosotros”.
Más adelante, cambió el saco por un sombrero que evocó su imagen rockera de los primeros años de carrera. Después de “La carta”, tomó la guitarra para acompañar a su banda en temas como “Porque las cosas cambian” y “Más alto que nosotros solo el cielo”.
Un repertorio que mira al pasado sin vivir de la nostalgia
Tras el primer llamado de “otra, otra”, el español agradeció el abrazo que recibe cada vez que visita México y cuestionó la costumbre de acudir a los conciertos esperando únicamente los éxitos de siempre.
“Muchos de ustedes tienen los discos y los que no pueden escuchar en streaming”, comentó antes de anunciar “Puta desagradecida”, una canción recuperada para celebrar su vigésimo aniversario.
Después de 21 canciones, Bunbury eligió dos piezas emblemáticas para despedirse: “Lady Blue” y “La constante”.
Su regreso al Auditorio Nacional no fue solamente un reencuentro después de una década. Fue una declaración de vigencia: Enrique Bunbury puede mirar hacia atrás sin quedarse atrapado en el pasado, mientras invita a sus seguidores a descubrir las nuevas formas de un artista en permanente transformación.