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“En Guayaquil las personas sacan a sus muertos porque no aguantan el olor”

“En Guayaquil las personas sacan a sus muertos porque no aguantan el olor”

Entornos miércoles 22 de abril de 2020 - 09:55

Por Martha Rojas
martha.rojas@contrareplica.mx
Tras la publicación de su segunda novela Nefando, la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda se consolidó como una de las voces narrativas más prometedoras de la literatura latinoamericana y fue incluida en la lista Bogotá39-2017, una de los 39 mejores escritores menores de 40.
Con la publicación de La desfiguración Silva, la sudamericana dejó claro el precedente de una literatura marcada por el horror y la sexualidad.
Radicada en España, la escritora de 31 años prepara su cuarta novela en la que abordará la muerte desde la visión de los pueblos andinos.
En entrevista a ContraRéplica asegura que mientras la cuarentena en Madrid se mantiene con estricto apego en Ecuador se habla de la pandemia de una forma “violenta e indignante”.
“Desde hace dos años yo vivo en Madrid. La cuarentena aquí fue muy estricta, sólo se podía salir a comprar víveres porque los policías te vigilan, checan si estas comprando y si no hay una multa. Mi familia es de Guayaquil, ahorita con el tema de la pandemia es la peor ciudad de Ecuador. Mi familia trata de mantenerse sana, están aislados porque en los hospitales ya no hay lugar para atender a los enfermos, el gobierno no está haciendo nada al respecto y tampoco han comprado insumos. Están dejando morir a la gente”, señala la autora en entrevista telefónica.
En ese sentido la escritora califico de mentiras las declaraciones que el gobierno de Lenin Moreno acerca del manejo de la pandemia.
“A la comunidad internacional les dicen que no está pasando nada. Es mentira. El embajador de Ecuador en España, hace unos días dijo aquí en a televisión española que los ecuatorianos tienen la tradición de tener a sus muertos en casa por tres o cuatro días, no es cierto. Los cadáveres que hemos visto están ahí porque los servicios funerarios no llegan. En Guayaquil mucha gente está muriendo en sus casas porque el sistema sanitario colapsó. Cuando pasan dos o tres días las familias se ven obligadas a sacar los cuerpos por el olor. Así que creo que es muy indignante que el gobierno mienta y diga que no es tan grave, que no pasa nada. Es indignante y violento”, expresó.
Mientras la autora espera paciente y rutinariamente el fin de la cuarentena para poder salir a “caminar o tomar algo”, un ambicioso relato se gesta en sus manos.
NUEVAS VOCES
Nefando, una obra originalmente publicada en 2016 tuvo una reedición en México este año a cargo de la editorial Almadía. A través de voces narrativas distintas, la autora nos adentra a una historia de peligroso erotismo.
La novela narra la creación de un videojuego liberado en la deep web (contenido de internet oculto en los motores de búsqueda convencionales) que causó revuelo por su contenido. Se trataba de un videojuego que, entre otras cosas, incluía pornografía infantil. Videos de dos hermanos que eran grabados por su padre mientras abusaba de ellos. Años después, alguien - cuya identidad nunca se revela-, busca a los roomies de los hermanos para descubrir la historia detrás del juego.
“Este libro habla sobre la pedofilia, sobre la sexualidad y el deseo, también sobre el dolor, no intenta dar un explicación del dolor sino mostrarlo. Es un ejercicio de empatía, cuando lees un libro te pones en el papel de la otra personas y eso te introduce un poco en su forma de mirar el mundo. Los Terán son unas víctimas muy particulares porque, pese a lo que les ha pasado, no se consideran víctimas. Ellos no sienten que se revictimizan a través del videojuego, sino los otros. Son los demás los que no comprenden lo que ellos sienten o dicen. Tienen un sentir monstruoso para la sociedad. Ellos encuentran una especie de goce en contar lo que les sucedió, por eso son vistos con rechazo. Pero como nos dice el psicoanálisis: hay goce en el dolor. Esto es lo perverso en los Terán, lo que la gente no soporta de ellos. Yo creo que no hay forma en la que una víctima no pase por un lenguaje doliente si quiere pasar página: todos tenemos que aprender a contar nuestro dolor para sobrevivir”, agregó.

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A/CR

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