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“Me quitaron la piel, los sueños,  mi libertad ¿También quieren mi vida?

“Me quitaron la piel, los sueños, mi libertad ¿También quieren mi vida?

Entornos jueves 12 de marzo de 2020 - 05:45

Por Martha Rojas
martha.rojas@contrareplica.mx

Una semana antes del fatídico ataque con ácido sulfúrico, María Elena Ríos estaba sentada frente a una orquesta, pensaba en la posibilidad de pasar de tocar el saxofón a dirigir una agrupación musical de cámara. Días antes, había terminado una relación sentimental con el empresario petrolero y exdiputado por el PRI, Juan Antonio Vera Carrizal. Ese día, al llegar a su casa en Huajuapan de León, Oaxaca, recibió la llamada de un hombre que se identificó como Rubicel Ríos. Dijo que necesitaba tramitar un pasaporte para su madre y que requería los servicios de la agencia que Malena – como la llaman sus seres queridos- tenía. Ella accedió y lo citó el 9 de septiembre de 2019 a las 10:00 horas en su oficina.
Ese día Malena perdió todo. Su piel, su identidad, su trabajo y su tranquilidad.

“María Elena murió ese día. Ese día me arrebataron mi vida. Nunca voy a ser la misma, pero a veces me gusta pensar que emocionalmente voy a estar bien porque físicamente los doctores me dijeron que voy a tardar entre cinco y seis años en volver a tener piel. Me arrebataron mi vida y ahora trato de comprender cómo va a ser mi futuro. Trato de olvidar la cara que tenía. Ahora soy otra, ya no me parezco. Todo el tiempo vivo con miedo. Ya no soy libre. Me quitaron mi piel, mis sueños, mi libertad. ¿Qué más quieren quitarme? ¿La vida?”, cuenta a ContraRéplica María Elena Ríos, una joven saxofonista de 26 años, quien desde hace seis meses y tres días demanda justicia al gobierno del estado de Oaxaca y al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

¿Qué ocurrió el día del ataque?

El 7 de septiembre un hombre me habló por teléfono y me dijo que necesitaba que lo ayudara con el trámite de un pasaporte para su mamá, que toda la semana me había buscado, pero que había visto que la agencia estaba cerrada. Lo cité el lunes 9 a las diez. Entró, se sentó. Parecía una persona humilde, llevaba un bote, iba muy abrigado y usaba huaraches. Le costaba trabajo entablar conversación. Le pregunté por su mamá y me respondió que tardaría veinte minutos en llegar. Le explico cuál es el proceso para tramitar el pasaporte. Me volteó al escritorio. Yo me siento, él se para, luego me vacía el ácido y yo grito. Corro al fondo de mi casa con mi mamá y ella en su afán de madre me protege, me abraza, trata de seguirlo.

Ella tiene cicatrices en sus brazos y en su estómago, la fiscalía de Oaxaca no la quiso integrar a la carpeta de investigación como víctima directa aunque otros abogados me han dicho que por ley ella debería estar. No la han podido ayudar. No quisieron escuchar. El gobierno de Oaxaca ha tenido contacto con mi hermana, pero hasta ahora no hay avances y yo lo único que pido es que agarren a mi agresor, al autor intelectual del ataque que es Juan Antonio Vera Carrizal.

¿Cómo ha sido el proceso de recuperación?

Desde el principio me pusieron injertos. Me quitaron piel de todos lados porque no quería pegar. Cuando me trasladaron a México lograron que los injertos se adhirieran. Ahora están engrosando, pero va a tardar en que tengan la apariencia de piel. Me paso la mano y no siento nada en mis brazos. Tampoco siento mi cara. Hace seis meses que no me veo al espejo, nunca lo hago. Mis papás dicen que estoy roja como un tomate. No puedo exponerme al Sol porque los injertos aún son muy delgados. Voy a necesitar cirujanos plásticos para evaluar si voy a tener cara ycirujanos oculares porque el parpado quedó afectado. Todos los médicos me dijeron que había sido un milagro que no perdiera el ojo. Ahí también tengo injertos. Tengo que hacer fisioterapia general y facial. Ahora ya puedo volver a abrir la boca y ya hablo mejor, pero el dolor sigue. Me duele la piel, a veces siento comezón y lloro de la desesperación. Mis papás se paran en la madrugada a calmarme, a hidratarme a darme masajes. No puedo estírame, mi brazo quedó de palo. A veces quisiera que me agarre el sueño y no despertar pronto.

¿Qué novedades haz tenido de las autoridades de Oaxaca?

Hace tres semanas colgaron un espectacular con la cara de él, pero no se parece. Ofrecen un millón de pesos pero ya tienen información suficiente. Saben dónde ha estado, a dónde viaja, el número que usa y que constantemente cambia. Existen elementos suficientes para poder ubicarlo. Yo me pregunto por qué si pudieron capturar a alguien como Emilio Lozoya no lo hacen con él. El proceso sigue.

¿Por qué aseguras que la fiscalía no difunde la foto real de tu agresor?

Porque las características físicas no son las mismas. Él y yo tuvimos un año y medio de relación y en ese tiempo se hizo cirugías, se estiro la piel, se quitó las ojeras, cambió su nariz. Entre 2017 y 2018 se hizo varias cirugías plásticas. Ni la estatura coincide. Me gustaría que la PGR atrajera el caso. No sé si las autoridades no pueden o no quieren.

¿Cuándo te percataste del peligro que representaba para ti?

Durante el año y medio de relación constantemente me manifestaba que si lo dejaba me iba a chingar, que sabía quiénes eran mis papás, mis hermanos, me decía que Dios me iba a castigar si lo dejaba. En abril me preguntó ‘¿Tu conoces a Rubicel Ríos?’, le dije que no, que de dónde era. La única vez que vi a Rubicel fue cuando me vació el ácido.

¿Cómo sobreviven tú y tu familia a esta pesadilla?

Lamentablemente el desgaste no sólo es mío, sino de toda mi familia. Yo dejé de trabajar. Mis papás tienen más de 60 años y no tienen ingresos. Mi hermana también dejó de trabajar para cuidarme. Necesito medicamentos. Hay gastos de medicinas, de comida que nadie cubre, es mucho desgaste económico y mental. Afortunadamente tengo padres maravillosos que me cuidan, que me hacen sentir protegida. Pero vivimos como si tuviéramos que escondernos y nosotros no hicimos nada malo.

¿Has recibido algún tipo de ayuda económica por parte del estado?

No. Yo estoy imposibilitada para trabajar y no recibo ningún tipo de recurso, ni seguridad y lo único que estoy pidiendo es que detengan a esta persona, que no den seguridad a mi y a mi familia. Él es una persona peligrosa y todo el tiempo recibo amenazas, mensajes subliminales. La fiscalía lo sabe y lo que hace es tomar la declaración y ya. Pido al presidente Andrés Manuel López Obrador, que nos ayude, él ha dicho que es humanista que saber el dolor de las mujeres. Lo único que quiero es vivir tranquila. Soy orgullosamente oaxaqueña, soy orgullosamente mujer. Quiero vivir sin miedo a que me espíen. No tengo que huir porque yo no hice nada.

¿Qué les dices a las mujeres que como tú fueron o son violentadas?

Que no se callen. El miedo es lo que nos mata. El miedo al qué dirán mata. No quiero que haya más Fátimas, más Malenas. Cuando llegué a México le dije a un enfermero ‘Yo no odio a los hombres’ ¿Por qué me hicieron esto? Lo único que pedimos las mujeres es respeto, que nos traten igual. Nosotras damos vida, queremos respeto. He visto las manifestaciones en la calle y deben quedar como un movimiento en la historia . Estoy segura de que nuestras familias, en nuestros trabajos van a cambiar. No se callen, miren lo que me pasó.



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/CR

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