El asesinato de Jesús Israel, estudiante de 16 años, a manos de su compañero Lex Ashton, de 19, en el Colegio de Ciencias y Humanidades Sur (CCH Sur) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha puesto en evidencia la creciente influencia de la cultura incel en el país y ha generado preocupación entre especialistas en derechos humanos y estudios de género.
Antes de cometer el ataque, Ashton publicó en redes sociales mensajes que reflejaban su identificación con comunidades incel, utilizando términos como "escoria" y expresando frustración hacia los "chads" (hombres exitosos) y las "foids" (mujeres cosificadas). Estas expresiones son comunes en foros en línea donde se promueve la misoginia y la violencia. El ataque, que también dejó herido a un trabajador del plantel, se produjo tras una serie de publicaciones en las que Ashton anunciaba su intención de cometer un acto violento para llamar la atención pública.
Especialistas en pedagogía feminista y estudios de masculinidades alternativas advierten que este incidente no es aislado y refleja una exacerbación de discursos masculinistas y antiderechos que han ganado terreno durante el aislamiento digital impuesto por la pandemia de COVID-19. Estos discursos, alimentados por figuras públicas y líderes de opinión, han contribuido a la radicalización de jóvenes que buscan pertenencia en comunidades en línea que validan su frustración y odio hacia las mujeres y otros grupos sociales.
Silvia Soler, directora del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, señala que la violencia de género y la radicalización digital son fenómenos interconectados que requieren una respuesta integral. Propone la implementación de políticas públicas enfocadas en la despatriarcalización, la promoción de nuevas masculinidades y el fortalecimiento de la salud mental juvenil como medidas preventivas ante futuros incidentes.
El caso de Lex Ashton ha reavivado el debate sobre la necesidad de regular las plataformas en línea y de ofrecer alternativas de apoyo emocional y social a los jóvenes vulnerables. Además, ha puesto de manifiesto la urgencia de una respuesta institucional que aborde las raíces de la violencia de género y la radicalización en el contexto digital.