Claudia Bolaños
El deporte puede convertirse en una herramienta de inclusión, convivencia y desarrollo para las personas autistas, afirmó Diego Hernández Pitta, especialista en temas sociales, al destacar que las actividades físicas y recreativas fortalecen la autonomía y la participación comunitaria.
Explicó que la práctica deportiva no debe verse únicamente desde la competencia, sino como una oportunidad para que cada persona participe y desarrolle habilidades de acuerdo con sus capacidades e intereses.
“Lo importante no es obligar a alguien a adaptarse a una actividad, sino generar condiciones para que pueda disfrutarla y participar a su manera”, señaló Hernández Pitta.
Indicó que tanto los deportes individuales como los de equipo pueden ser opciones de inclusión, siempre que existan ambientes respetuosos y entrenadores sensibles a las necesidades de cada participante.
Entre las medidas que favorecen la participación mencionó instrucciones claras, rutinas previsibles, espacios con menos estímulos cuando sea necesario y flexibilidad en los tiempos de cada actividad.
Diego Hernández Pitta advirtió que uno de los principales obstáculos es pensar que todas las personas autistas requieren el mismo tipo de apoyo.
“La inclusión comienza cuando dejamos de imponer una sola forma de participar”, afirmó.
También destacó que las familias, escuelas, clubes deportivos y comunidades pueden contribuir al abrir más espacios recreativos accesibles y evitar que el diagnóstico se convierta en una barrera para practicar deporte.
Finalmente, sostuvo que una cancha, una alberca o una pista también pueden ser espacios donde se construye inclusión y se reconoce el derecho de todas las personas a participar y formar parte de su comunidad.