El derrame de petróleo en el Golfo de México ha afectado al menos 933 kilómetros de litoral desde Tabasco hasta Tamaulipas, generando una crisis ambiental y social que impacta tanto a ecosistemas como a comunidades costeras.
De acuerdo con organizaciones como Greenpeace, el derrame se originó desde febrero de 2026 en un ducto relacionado con actividades petroleras, aunque no fue reportado de inmediato por las autoridades. La contaminación se ha extendido a lo largo del Corredor Arrecifal del Suroeste del Golfo de México, afectando playas, manglares, arrecifes y zonas pesqueras.
Comunidades locales han comenzado a reportar consecuencias en la salud, como problemas gastrointestinales asociados al consumo de productos del mar contaminados, así como afectaciones económicas derivadas de la caída en la pesca y el turismo. Además, denuncian falta de información clara, acciones de limpieza insuficientes y ausencia de indemnizaciones por los daños sufridos.
Organizaciones ambientales también han señalado opacidad en el manejo del caso y la falta de una evaluación integral sobre el origen del derrame, así como la ausencia de responsables identificados. Ante ello, han exigido medidas urgentes de atención, mayor transparencia y la suspensión de actividades petroleras en la zona como medida preventiva frente al daño ambiental en curso.