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El arte también es viral

El arte también es viral

Columnas viernes 24 de abril de 2020 - 00:18

Frente a las epidemias en la Edad Media el arte representó los valores colectivos de la época y la forma religiosa de explicar la situación. Durante la Primera Guerra Mundial los artistas representaron su experiencia personal frente a la enfermedad. Actualmente y desde los 80 el arte difunde información e incluso contribuye económicamente recaudando fondos. El arte es en tanto la catarsis a través de la cual las personas sobrellevan sus miedos.

En este 2020 el coronavirus atrajo las expresiones performaticas y artísticas. El confinamiento ha sido más llevadero gracias a las manifestaciones colectivas desde las ventanas, en las que se aplaude a los doctores o se canta.
El miedo, la incertidumbre, la crisis y el aislamiento se sobrellevan con arte. Es también el arte la forma en la que se deja testimonio fehaciente de nuestra fragilidad y de nuestro breve paso por la vida. La presencia de una enfermedad global nos reencuentra con el vínculo innegable del ser humano con la naturaleza.
Aunque las enfermedades virales y las pestes son motivo de destrucción también son caldo de cultivo de la creatividad artística. El miedo activa de manera inmediata la imaginación, testimonio de ello es la obra “El triunfo de la muerte” de Pieter Bruegel el Viejo, que se conserva en el Museo del Prado de Madrid. En ella se muestra un ejército de esqueletos que se llevan las almas de la tierra. Es el triunfo de la muerte sobre las cosas mundanas. Las vidas humanas son conducidas en un enorme ataúd sin esperanza, ni salvación; aunque intenten resistirse. Sólo una pareja de amantes, en la esquina inferior derecha, parece estar despreocupada por la situación y en el sublime estupor del amor, se sustrae de la realidad del futuro, al que todos están condenados.
Esta obra fechada en 1569 corresponde al sentir de la población en Europa durante la llamada peste negra o peste bubónica que asoló al continente durante la Baja Edad Media y los tres siglos posteriores.
Las obras que tocaban este tema en la época tenían un carácter moralizante, pues las enfermedades de origen desconocido se consideraban un castigo de Dios.
En la Edad Media la temática de las pestes y la muerte se convirtieron en un género denominado como La danza de la muerte, que exploraba la universalidad del fenómeno, que no respeta edades, clases sociales, países o soberanías, todos por igual “danzan con ella”. Esta expresión fue un recordatorio de la fugacidad de la vida y los placeres terrenales.
Los 41 grabados del artista alemán Hans Holbein, publicados en 1538, fueron creados por él para la contemplación y la reflexión de las verdades últimas de la vida que se presentan en momentos de enfermedad. En ellas se pueden ver procesiones de esqueletos que escoltan a los vivos hacia su destino final. Representan el auge de la estética de lo macabro, popular en occidente a finales de la Edad Media y completamente relacionado con la presencia de la enfermedad viral que atacaba a Europa.
Aún con el paso de los siglos, la peste negra continuó siendo un tema recurrente entre grandes pintores. En 1637, Rubens en Las consecuencias de la guerra, le dedicó un espacio central entre los grandes males del mundo. En 1823, Francisco Goya pintó Corral de Apestados y en 1898, Arnold Böcklin pintó un óleo que llamó La Peste.
Paradójicamente, en el presente el arte también es viral.


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/CR

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