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El misterio de los cerebros creativos
El misterio de los cerebros creativos

viernes 15 de marzo de 2019 - 07:06


Durante años se pensó que el hemisferio derecho del cerebro es holístico, artístico y creativo mientras que el izquierdo es lógico, analítico y racional. Y que el proceso creativo iba de un hemisferio a otro. Estudios recientes demuestran que la creatividad se debe a un cómo y no un dónde.



Fernanda Pérez Gay Juárez



Acuerdos y definiciones


Escribir sobre creatividad es, de entrada, pisar terreno pedregoso. La tarea se complica porque podemos entender la creatividad de distintas formas. Por ejemplo, Francis Galton, uno de los primeros exploradores del tema, proponía que la creatividad era un rasgo personal, estable y heredable entre generaciones. Según este punto de vista, existen personas más creativas que otras, y esto debe estar sin duda codificado de alguna forma en su configuración cerebral. La creatividad puede entenderse también como un estado ocasional, que todos experimentaremos en algún momento de nuestras vidas —hablaríamos entonces de un estado cerebral transitorio, que favorece la emergencia de nuevas ideas o soluciones—. Finalmente, podemos definir la creatividad a raíz de su producto, aquello que ha sido creado o concebido por el cerebro creativo. Aunque tendemos a asociar la creatividad con el arte, la variedad del producto creativo va desde una obra de arte a un teorema matemático, desde una nueva definición o explicación teórica a una invención tecnológica. Sin importar la naturaleza del producto creativo, este se caracteriza por su originalidad, su novedad y su capacidad para sorprendernos, dando la impresión de que no se le hubiera ocurrido a cualquiera.


Hoy en día, la mayoría de los psicólogos y neurocientíficos que estudian las bases cerebrales de la creatividad lo hacen como un proceso general, sin enfocarse en un ámbito específico. La neurocientífica mexicana Rosa Aurora Chávez, especialista en neurobiología de la creatividad, propone que la creatividad es el proceso de generar algo nuevo, transformando o trascendiendo lo ya existente. Este proceso tiene bases cerebrales comunes sin importar la naturaleza del producto o resultado.


Rosa Aurora Chávez sugirió también que el proceso creativo tiene tres etapas: la primera, asociación-integración, consiste en vincular elementos del mundo exterior con los de nuestro mundo mental. Tras concatenar e integrar percepciones, imágenes, ideas, emociones y sensaciones tendremos un momento de iluminación o ¡eureka!, en que nos percataremos de haber encontrado una idea poco común. Después vendría el periodo de elaboración, en que la persona utiliza estas asociaciones con sus capacidades y según sus intereses, que pueden ser muy variados. Finalmente, esta neurocientífica sugiere que la tercera y última etapa es la comunicación, en la que el producto creativo se transmite a otros, “contagiando” su originalidad.



Creatividad y cerebro: Del dónde al cómo


Las aproximaciones científicas a la creatividad se han transformado de forma importante en el último siglo. Espontánea y diversa, la creatividad es un hueso duro de roer para el método científico, que depende de la medición rigurosa y la repetición. En el ámbito de las neurociencias, las primeras aportaciones vinieron de lo clínico, a partir del estudio de pacientes con lesiones cerebrales.


Cuando una parte del cerebro se lesiona, su función se ve afectada y las otras áreas ganan peso e importancia. El neurólogo John Hughlings Jackson, por ejemplo, notó que los niños con afasia infantil adquirida —un trastorno secundario a una lesión del hemisferio izquierdo— aumentaban su capacidad musical. Concluyó, tras sus observaciones clínicas, que, en condiciones normales, el hemisferio izquierdo inhibía la actividad del hemisferio derecho. Las lesiones que interrumpían esta inhibición se traducirían entonces en arranques de creatividad orquestados por el hemisferio derecho. Esta idea se fortaleció tras las descripciones de Bruce Miller, también neurólogo, de casos de pacientes con una enfermedad progresiva llamada demencia frontotemporal. Al avanzar el daño en el lóbulo frontal y temporal izquierdos, algunos pacientes mostraban un súbito desarrollo de talento artístico.


De estas primeras aproximaciones a la creatividad surgió uno de los mitos más conocidos al respecto del cerebro: que el hemisferio derecho es holístico, artístico y creativo mientras que el izquierdo es lógico, analítico y racional. Esta idea tan popular es en realidad una simplificación de la evidencia. Es cierto que los hemisferios tienen diferencias en la forma en que procesan la información; por ejemplo, el hemisferio izquierdo se encarga de decodificar el lenguaje, palabra por palabra, mientras que el derecho procesa la tonalidad o musicalidad de estas palabras. Las observaciones de estos neurólogos se desprenden de las diferencias interhemisféricas, pero probablemente responden más a la emergencia de nuevas formas de talento artístico —musical y visual, cuyas habilidades están en mayor medida en el hemisferio derecho, más que a la creatividad en su forma más pura—. En realidad, la creatividad tiene muchas formas y se expresa en múltiples modalidades. La evidencia mencionada dejaría varias preguntas sin resolver: ¿qué pasa con la creatividad en literatura o en matemáticas, cuyas destrezas se basan en buena medida en la actividad del hemisferio izquierdo?



Neuroimagen funcional y redes cerebrales de gran escala


¿Dónde está entonces la creatividad en el cerebro? ¿Podemos localizarla? ¿Se restringe realmente a un hemisferio o a una zona cerebral? Una nueva etapa en el desarrollo de las neurociencias nació gracias al surgimiento de la “neuroimagen funcional”, que nos permite medir cambios físicos en la actividad del cerebro en tiempo real. Observar los patrones de actividad cerebral mientras un sujeto realiza una tarea ha abierto la puerta a una nueva forma de entender las bases biológicas de la creatividad.


En los últimos años, diversos grupos de investigación encontraron zonas cerebrales cuya actividad aumenta durante tareas de pensamiento creativo. Las áreas cerebrales asociadas a la creatividad en estos estudios están distribuidas tanto en el hemisferio derecho como en el izquierdo, y se asocian a distintos aspectos del proceso creativo. Sin embargo, la neurociencia moderna considera que las diferentes funciones mentales y tareas cognitivas no resultan de la actividad de una zona particular del cerebro, sino de circuitos o redes cerebrales de gran escala que incluyen varias estructuras interconectadas. Por lo tanto, la búsqueda actual de la base cerebral de la creatividad se enfoca en encontrar esos circuitos que facilitan el proceso creativo.


Los estudios más recientes en creatividad se basan en evaluar la actividad cerebral de los sujetos de estudio durante tareas de pensamiento creativo. Entre las tareas más utilizadas se encuentran las tareas de pensamiento divergente, en las que se pide a los sujetos que generen ideas en respuesta a una imagen o palabra. Si se les presenta un objeto, por ejemplo, deben decir la mayor cantidad de usos posibles para él. Si se les presenta un evento, deben imaginar la mayor cantidad de consecuencias posibles. Las ideas generadas se califican según tres rubros: su fluidez (la cantidad de ideas generadas) su flexibilidad (que las ideas sean distintas entre sí) y su originalidad (que las ideas resulten novedosas o poco comunes).


Uno de los antecedentes de estos estudios de neuroimagen fue realizado por los psicólogos holandeses Ap Dijksterhuis y Teun Mers, quienes pidieron a sujetos que realizaran listas de lugares que empezaran con A. Observaron que distraer a los sujetos con otra tarea después de la instrucción producía listas más inusuales y creativas que las de los sujetos que tenían que responder de inmediato. Postularon que, cuando dirigimos nuestra atención consciente a otras tareas distintas al problema que tenemos que resolver, nuestro cerebro hace una transición, de un pensamiento rígido y CONVERGENTE a una perspectiva asociativa, facilitando el pensamiento DIVERGENTE.


En nuestra vida cotidiana, todos hemos experimentado cómo el distraerse y dejar a la mente divagar un poco facilita la emergencia de nuevas y más originales soluciones. Curiosamente, uno de los estudios más recientes y relevantes sobre creatividad, realizado en la Universidad de Harvard por el equipo del neurocientífico Roger Beaty, propone un modelo para explicar este fenómeno.


Este estudio utilizó tareas de pensamiento divergente como las ya descritas para buscar patrones de actividad cerebral propios del proceso creativo. Sus hallazgos encontraron que el funcionamiento del cerebro altamente creativo dependía de tres principales redes o circuitos cerebrales: La primera es la red de la atención ejecutiva —cuyas estructuras nos permiten concentrar nuestra atención en una sola tarea por un periodo extendido—. Esta es la red que se activa cuando nos sentamos a resolver un problema o generar algo nuevo a partir de un lienzo en blanco o un pedazo de papel. La segunda red importante es la llamada red neuronal por defecto, que está activa cuando divagamos o soñamos despiertos. Esta es la red cuya actividad predomina en el cerebro al dar un paseo, tomar un baño o realizar una actividad distinta a la tarea creativa en cuestión. Regresando al caso de los psicólogos que pedían a los sujetos que realizaran otra tarea antes de escribir sus listas de lugares que empezaban con la letra A, sería esta red la que se activa cuando los sujetos se distraían, facilitando el pensamiento divergente en lo que Rosa Aurora Chávez definió como la etapa de asociación-integración. Finalmente, la tercera red involucrada de la creatividad es la llamada “red de prominencia”, relacionada con la detección de novedad o rasgos sobresalientes. En este modelo, al detectar novedad, la red de prominencia hace consciente el famoso ¡eureka! Y actúa como una especie de interruptor que facilita que las ideas incubadas durante las divagaciones mentales por la red neuronal por defecto sean puestas en acción por la red central ejecutiva durante el llamado periodo de elaboración.


Los resultados de este estudio demostraron que el grado de coordinación entre estas tres redes correlacionaba con el nivel de creatividad de respuestas de estos sujetos en las tareas de pensamiento divergente. Los científicos de este equipo de investigación sugieren que medir los niveles de conexión de las áreas identificadas en estas tres redes puede predecir qué tan creativo es un individuo.


A pesar de lo emocionantes que resulten los estudios sobre las bases cerebrales de la creatividad, este fenómeno sigue siendo altamente complejo y elusivo. Más allá de preguntarnos “dónde” en el cerebro se incuban estas ideas innovadoras, o qué estructuras están involucradas en el proceso creativo, los neurocientíficos deben recordar que, para responder la pregunta más interesante (el “¿cómo?”) no basta con analizar la actividad del cerebro, sino que habrá que incluir en este viaje de conocimiento un diálogo multidisciplinario que considere con especial cuidado las experiencias y emociones que vive cada creador para consumar su obra.


(Este ensayo forma parte de Sinapsis: Conexiones entre el arte y tu cerebro, proyecto de divulgación de la autora. Este proyecto es financiado por el Fonca, Programa Arte, Ciencia y Tecnologías. @sinapsis_2019)






LA AUTORA


Fernanda Pérez Gay es doctora en neurociencias por la Universidad de McGill, de Canada. Se dedica a la divulgación de la ciencia.



UNA PREGUNTA


La actividad cerebral, se decía, se ubicaban en los distintos hemisferios del cerebro: que el derecho es lo artístico, lo creativo; mientras que el izquierdo lo racional y analítico. Pero, ¿qué pasa con la creatividad en literatura o en matemáticas, cuyas destrezas se basan en buena medida en la actividad del hemisferio izquierdo?



LA CREATIVIDAD


Recientes estudios demuestran que la creatividad surge de la conexión de las redes neuronales. Los científicos sugieren que medir los niveles de conexión en las redes neuronales puede predecir qué tan creativo es un individuo.



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