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En el siglo XVII, “La lengua española se convirtió en el medio principal de comunicación”: Luis Fernando Lara

En el siglo XVII, “La lengua española se convirtió en el medio principal de comunicación”: Luis Fernando Lara

Entornos martes 09 de agosto de 2022 -

Como parte del curso Historia del español de México 2022, el miembro de El Colegio Nacional, Luis Fernando Lara, dictó la lección “La expansión del español. Diglosia multilingüe. El incipiente patriotismo criollo”.

El lingüista aseveró que “a partir de la década de 1640, el náhuatl empezó a acusar una más fuerte penetración del español en su léxico y, probablemente, en algunas estructuras sintáctica”.

La preminencia del español no significa que se haya logrado abolir y, mucho menos, exterminar a las lenguas amerindias, que conservaron su vitalidad.

El español, como lengua, empezó a tener una mayor presencia a partir del siglo XVII, cuando los novohispanos –criollos, mestizos e indígenas– van definiendo un arte, una cultura y formas de vida. “En esas condiciones fue la lengua española la que constituyó a la sociedad novohispana, incluidos los indios”, destacó el lingüista Luis Fernando Lara, miembro de El Colegio Nacional.

Al dictar la lección “La expansión del español. Diglosia multilingüe. El incipiente patriotismo criollo”, como parte del curso Historia del español de México 2022, el colegiado aseguró que esa presencia no significa que se haya logrado abolir y, mucho menos, exterminar a las lenguas amerindias, que conservaron su vitalidad.

“A partir de la década de 1640, el náhuatl empezó a acusar una más fuerte penetración del español en su léxico y, probablemente, en algunas estructuras sintáctica. Es de suponerse que lo mismo habría pasado con las demás lenguas, aunque hay que señalar que, penetradas por el español, de todas maneras, en las ciudades y en regiones rurales eran lenguas que se oían en las calles, en los mercados, en las haciendas, en los caminos, al grado de que era común que los mismos terratenientes hispanohablantes las tuvieran que aprender, al menos para poder sostener una comunicación necesaria”.

Sin embargo, al perder paulatinamente sus funciones comunicativas, de memoria histórica, de educación, de gobierno, de ritos religiosos, las lenguas originarias tendieron lentamente a fragmentarse, como todavía sucede hoy, dentro de una dinámica que debe reconocerse: las lenguas no viven solas, las lenguas dependen de quienes las hablan y “si quienes las hablan de pronto pierden ciertas funciones sociales en su lengua, naturalmente la lengua empieza a sufrir, porque ya no se ve requerida por sus hablantes para manifestar lo que están viviendo”.

“Entonces, si desaparece el régimen político de los señoríos prehispánicos, desaparece su organización política o, por lo menos, se ve muy penetrada por la organización política de la Nueva España, la lengua empieza a dejar de servir para hablar de eso y, por lo tanto, se va reduciendo. Eso fue lo que les pasó a todas nuestras lenguas amerindias”.

En una actividad presencial celebrada en el Aula Mayor de esta institución el viernes 5 de agosto, y transmitida a través de las redes sociales, Luis Fernando Lara recordó que, si bien el náhuatl y el español estaban muy imbricados en los comienzos de la sociedad colonial, se empezaron a dar ciertos cambios más o menos desde la segunda generación de criollos, es decir, de hijos de españoles nacidos en América.

Bernardo García Martínez sostiene al final de su capítulo sobre la creación de la Nueva España en la Historia general de México que “quienes siguen la perspectiva de una historia nacional, podrán ver ya, bajo la cubierta unificadora de la gran Nueva España, es decir, la Mesoamérica y su septentrión mexicanos, los rasgos esenciales de todo el conjunto del país que se haría independiente en 1821”.

Bajo ese convencimiento, reconoció el lingüista, la población de colonizadores españoles, sobre todo de criollos, mestizos y mulatos, iba creciendo; la población indígena, “después de la catástrofe demográfica de la conquista, se había reducido a un millón de individuos en todo el territorio novohispano, lo que dio al traste con la conservación de una masa poblacional que había sido el factor determinante del modo en que se implantó la Colonia”.

Durante el siglo XVII se fueron disolviendo los linajes y los privilegios de los tlaloques, quienes eran sustituidos por gente común: macehuales, negros y mulatos. En esas condiciones, la lengua española se convirtió en el medio principal de comunicación que, si bien no mayoritaria, a pesar de todo, en cuanto a la población total, “era la que iba decidiendo la dinámica social”.

“Esta pequeña población de hispanohablantes era la que ya definía la dinámica social en la Nueva España. El español es la lengua del régimen político, jurídico y religioso y se había vuelto lengua materna de mestizos y mulatos”.
Sociedad diglósica

La Nueva España se hizo una sociedad diglósica y multilingüe. Diglosia es un término técnico de la lingüística que se elaboró cuando varios lingüistas notaron que había ciertas regiones del mundo en donde había lo que llaman una lengua alta y una lengua baja: una lengua alta es la que sirve para la educación, para la religión, para la vida política, etcétera. Una lengua baja es la que no cumple con esas funciones, pero que “es la lengua que habla todo el pueblo común y corriente”.

“Ello se refleja claramente en el caso del árabe”, a decir del colegiado, donde el árabe coránico sigue siendo la lengua alta de los países que hablan árabe, y ya en cada país de habla árabe, se han desarrollado variedades que resultan relativamente diferentes de un país a otro.

“Entonces lo que sucedía, y a lo mejor sigue sucediendo, por ejemplo, en Egipto, es que la lengua alta se puede convertir en una lengua de elite, que solamente unos cuantos privilegiados la hablen, lo que sucedía en la educación egipcia en que los muchachos tenían que asistir a la universidad para poder aprender la lengua alta.

“Afortunadamente, en México eso no sucede, pero si sucedió en el momento en que el español se convirtió en la lengua de la vida pública novohispana y las lenguas amerindias se quedaron como lenguas bajas; esa es la diglosia, pero como se trata de muchas lenguas es, además, multilingüe”.

En ese sentido, podemos suponer que el uso del concepto criollo es anterior a 1630, pues no hay que olvidar que los diccionarios por su naturaleza van siempre a la retaguardia de los usos sociales del léxico y los registros, como los de léxico histórico, no dejan de ser muy aleatorios.

“Los diccionarios son depósitos de memoria social: en el momento en que una palabra entra a un diccionario, es porque esa palabra ya está circulando en esa sociedad; claro, siempre van a la retaguardia, pero son los que conservan la memoria y, por eso, me fio tanto en registros del diccionario”, resaltó Luis Fernando Lara.

Durante su cátedra, el también investigador de El Colegio de México se refirió al origen de la palabra criollo, la cual proviene del portugués crioulo, derivado de criar, pero que estaba enfocado en caracterizar a los africanos, al “esclavo que nace en la casa de su señor”; entre los portugueses, el nombre le servía para distinguir a esos esclavos de los recién llegados de África, que apenas estaban aprendiendo el portugués a los que llamaban bozales.

“Criollo pasó también al español de la época. Quizá no habrán sido los hijos de españoles por sí mismos quienes escogieron el vocablo para nombrarse, pues el calificativo supone una minusvaloración al compararlos con los esclavos africanos; seguramente fueron los españoles peninsulares quienes de esa manera los discriminaban, pues los criollos formaban un grupo creciente que ejercía presión sobre las autoridades virreinales, reivindicando para ellos derechos adquiridos por sus padres, tanto en el gobierno y en la iglesia, como en cuanto a la conservación de sus extensas propiedades”.

De acuerdo con el especialista, el conflicto entre españoles y criollos, a quienes se debe sumar a los mestizos y a los mulatos, unidos por la lengua y por las costumbres españolas, rápidamente adoptadas por éstos, aunque también por un temprano sentimiento de mexicanidad, se refleja en distintos momentos a partir de la lengua y de la literatura.

“Para los peninsulares, la distinción clara se hacía entre ellos y todos los demás habitantes novohispanos, con excepción de los indios”, evocó Luis Fernando Lara.

La sesión “La expansión del español. Diglosia multilingüe. El incipiente patriotismo criollo”, se encuentra disponible en el Canal de YouTube de la institución: elcolegionacionalmx.


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CA/CR

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