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Feminismo debatible de Mujercitas queda fuera de la temporada de premios

Feminismo debatible de Mujercitas queda fuera de la temporada de premios

Entornos viernes 24 de enero de 2020 - 03:25

Por Martha Rojas
Martha.rojas@contrareplica.mx

Greta Gerwin es el nombre de la gran ausente en la competición del Oscar al Mejor director. Irónicamente su más reciente producción, Mujercitas, fue una de las más nominadas por la Academia. Guion, actuación y hasta vestuario fueron algunas de las categorías en las que el filme figura junto a grandes títulos como 1917, Jojo Rabbit, Joker o The Irishman.

La nueva adaptación cinematográfica -que llega hoy a las salas de cine mexicano- del clásico escrito por Louisa May Alcott quedó fuera de los grandes premios de la temporada. Gerwin, aclamada en 2017 por Lady Bird, no figuró en la lista de los cinco directores que este nueve de febrero piensan coronarse como “el mejor” del 2019.

Pero con sólo 36 años de edad Gerwin ha logrado penetrar la difícil puerta de Hollywood. Su ópera prima le valió un Globo de Oro como Mejor directora. Nada mal para una joven que dice tener un “espíritu independiente”. Su cine, con dos películas a cuestas (Lady Bird y Mujercitas) encontró un sello personal en el que los sueños y el deseo por encontrar un lugar propio en el mundo son el centro del discurso.

A DEBATE POSTURA FEMINISTA

Cuatro hermanas que transitan de la infancia a la edad adulta se enfrentan a diversas situaciones marcadas no sólo por los temores de la guerra civil estadounidense, sino por los prejuicios y responsabilidades de ser mujer en una época en la que su papel estaba limitado a las tareas del hogar, el tejido y la lectura recreacional.

Criadas en la Nueva Inglaterra del siglo XIX, los personajes funcionan como los arquetipos de la figura femenina. La mayor, Meg, es la más responsable, anhela un hogar tranquilo y está al pendiente de sus padres; Jo es la “diferente”, rechaza los códigos de vestimenta típicamente femeninos y disfruta de la lectura; Beth es tímida y gusta de ayudar a los necesitados, y por último está Amy, la más hermosa y caprichosa. Sí, la novela de Alcott fue un parteaguas en su época porque las vidas que presentaba sugerían a esas generaciones de jóvenes inexpertas y deseosas que ellas podían ser dueñas de sus propias elecciones.
Por décadas Mujercitas ha sido incluida como una lectura feminista. El primer tiraje de 2 mil ejemplares, publicados por Thomas Niles, se agotaron dos semanas después de salir a la venta. Lectoras deseosas clamaban una segunda parte que quedó lista tres meses y medio más tarde. Traducciones, adaptaciones cinematográficas, televisivas, de teatro y sobre todo legiones de lectoras hicieron de Mujercitas un clásico.
Desde Simone de Beauvoir hasta Hillary Clinton han considerado que la obra es una lectura de referencia no sólo para las niñas, sino para las mujeres en general. Pero es que ¿se puede considerar una lectura feminista, una novela en la que sus protagonistas –con todos sus anhelos, talentos e inconformidades- quedan confinadas a zurcir calcetines?
En el relato, las tres hermanas que sobreviven se casan. Quizá la relevancia de Mujercitas
-que originalmente se integraba por dos volúmenes y que ahora se reedita en uno solo, comentado e ilustrado por el sello Akal- radica en su poder para colocar al centro de la mesa el debate acerca de las cosas a las que las feministas pueden y desean decir Sí.


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/CR

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