Jaime Arturo Ruiz | @
jaimeruizmxjaime@primermovimiento.com
- La reforma aún no está aprobada, pero propone una reducción gradual de 48 a 40 horas semanales entre 2027 y 2030. Especialistas advierten que 2026 será un año decisivo para la preparación organizacional.
- La reducción de la jornada laboral en México se perfila como una de las transformaciones más relevantes del marco laboral en las últimas décadas. Aunque la reforma todavía no ha sido aprobada ni publicada en el Diario Oficial de la Federación, la iniciativa que se discute en el Congreso propone disminuir de manera gradual la jornada semanal de 48 a 40 horas, sin afectar salarios ni prestaciones, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas trabajadoras y homologar al país con estándares internacionales.
De acuerdo con un análisis difundido por la plataforma de gestión de capital humano Rankmi, es fundamental subrayar que, por ahora, no existe una obligación legal inmediata para las empresas. Sin embargo, el Gobierno federal ha delineado públicamente un posible calendario de transición, lo que convierte a 2026 en un año clave de preparación estratégica y operativa, más que de implementación forzosa.
Un calendario gradual de ajuste
Según el marco planteado, el proceso de reducción se desarrollaría en distintas etapas:
1 de enero de 2026 – Fase de preparación:
Iniciaría un periodo de adecuación normativa y operativa. Durante esta etapa, las empresas podrían comenzar a actualizar reglamentos internos, revisar contratos y políticas laborales, así como evaluar e invertir en sistemas tecnológicos para el control de la jornada laboral.
1 de enero de 2027 – Primer ajuste:
La jornada máxima propuesta se reduciría a 46 horas semanales.
1 de enero de 2028:
La jornada máxima descendería a 44 horas semanales.
1 de enero de 2029:
El límite sería de 42 horas semanales.
1 de enero de 2030 – Meta final:
Se alcanzaría la jornada máxima legal de 40 horas semanales.
Este esquema gradual busca dar margen a las organizaciones para adaptar sus modelos operativos sin generar disrupciones abruptas, particularmente en sectores con alta intensidad laboral.
El verdadero reto: reorganizar el trabajo
Para Rankmi, el principal desafío no será únicamente cumplir con una nueva disposición legal, sino repensar la forma en que se organiza el trabajo. Reducir horas implica revisar cargas laborales, rediseñar procesos, ajustar esquemas de turnos y replantear los modelos de medición del desempeño, especialmente en industrias con operación continua como manufactura, logística, salud y servicios.
> “La reducción de la jornada laboral no es solo un cambio normativo; implica un rediseño profundo de la forma de trabajar. Las empresas que comiencen a prepararse desde ahora, ajustando procesos y modelos de gestión, tendrán una transición mucho más ordenada si la reforma se aprueba”, señaló Felipe Cuadra, director de Recursos Humanos y cofundador de la plataforma.
En este sentido, el uso de herramientas digitales para el control de jornada, la planeación de turnos y la gestión del desempeño se vuelve un componente estratégico, más allá de un requisito administrativo.
Productividad y talento: una oportunidad latente
Desde la perspectiva empresarial, la eventual reducción de la jornada laboral también abre una ventana de oportunidad. Experiencias recientes en América Latina, como la implementación gradual de la jornada de 40 horas en Chile, muestran que trabajar menos horas no necesariamente implica producir menos. Por el contrario, diversos estudios y casos empresariales han registrado incrementos en la productividad por hora trabajada, así como disminuciones en el ausentismo y la rotación de personal.
Además, esquemas laborales más equilibrados tienden a fortalecer la atracción y retención de talento, un factor crítico en un mercado laboral cada vez más competitivo y con nuevas expectativas por parte de las generaciones más jóvenes.
> “El momento para actuar es ahora. Las organizaciones deben realizar diagnósticos de carga de trabajo, revisar sus políticas internas y fortalecer sus sistemas de control de jornada con herramientas digitales confiables. El foco debe moverse hacia modelos de gestión basados en resultados, más que en la presencia física o el número de horas trabajadas”, concluyó Cuadra.
La transición hacia una jornada laboral de 40 horas en México no será inmediata ni homogénea, pero sí podría marcar un cambio estructural en la cultura laboral del país. Para las empresas, la diferencia entre una adaptación ordenada y una reacción improvisada estará en anticiparse, planear y prepararse con suficiente tiempo, aun antes de que la reforma sea plenamente obligatoria.