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La peor pandemia no es el coronavirus

La peor pandemia no es el coronavirus

Columnas lunes 11 de mayo de 2020 -

El mundo no termina de recuperarse del shock provocado por la aparición del coronavirus. A casi cinco meses de su aparición, empiezan a verse los daños, los errores y las omisiones cometidas por los gobiernos y las organizaciones internacionales de salud que han estado perdiendo toda credibilidad y si bien el número de víctimas es alto y doloroso para las familias que han sufrido estas irreparables pérdidas, no se acerca ni de lejos a las grandes pandemias que en otras épocas han puesto de rodillas a la humanidad.
Hace unos días el obispo italiano Alberto María Coreggio hacía una pregunta incómoda: “¿Qué pasaría si la atención que prestan los medios a informar puntualmente sobre los muertos y afectados por la pandemia de coronavirus se aplicase al aborto legal, que mata cada día a decenas de miles y ha acabado ya con la vida de millones? Un ‘virus’ terriblemente letal que causa cada año millones de muertos: el aborto legal. Y es una pandemia que, además, “mata la conciencia de quienes la practican y la de los gobernantes que, al legislar, pretenden eliminar el horror del asesinato”. No perdamos de vista que tan solo el año pasado fueron asesinados más de 42 millones de niños en el vientre de su madre, una cifra terrorífica que es muy difícil que alcance la actual pandemia”. Continúa el obispo Careggio: “Legalizar no significa convertir en moral una acción que es contra la vida: se dice popularmente que el aborto, clama venganza delante de Dios; ¡y bien, es así!”.
Pese a que estos asesinatos de inocentes son reales, el mundo no se paraliza, aun durante la emergencia los diabólicos grupos abortistas buscan por todos los medios que los infanticidios no se detengan, invitan a realizarlos en casa, ofrecen para dar cursos de cómo llevar a cabo esta abominación, sin importar que se ponga en riesgo la vida de la madre a la que dicen proteger.
El 24 de abril se cumplieron 13 años de la aprobación de la criminal ley del aborto en la Ciudad de México, desde entonces han muerto en las redes hospitalarias de la ciudad 216.755 bebés, esto sin contar cifras de las instituciones privadas” que podrían ser del doble de esa cifra. Esta cifra espeluznante, que es peor que la del coronavirus, parece no importarle ni conmover a nadie, lo que hace que la sociedad se envilezca y se pudra moralmente.

Termino citando una reflexión del sitio católica Infovaticana: “Hemos vivido en una sociedad enloquecida que ha considerado una prioridad, y lo sigue haciendo, asesinar a los ‘niños’ en el seno materno, que se ha dedicado a consumir en una carrera si sentido, en donde los pecados más aberrantes se quieren convertir en nuevos derechos. Hemos querido cambiar la perfección divina de la creación creyéndonos por encima del bien y del mal. El virus no es el origen de nuestras desgracias sino la prueba que hace ver nuestras debilidad”.


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