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Lo bueno, lo malo y lo feo del Mundial

Lo bueno, lo malo y lo feo del Mundial

Columnas lunes 13 de julio de 2026 -



@onelortiz
La historia llega a su final. Al momento de escribir estas líneas ya están definidas las semifinales del Mundial: Francia enfrentará a España y, en un partido cargado de nostalgia por aquel lejano 1986, Inglaterra se medirá con Argentina. Para México, sin embargo, la fiesta terminó hace una semana, después de la eliminación de la Selección Nacional y del último partido disputado en nuestro territorio.
Es momento de hacer cuentas. ¿Cuáles son los saldos futbolísticos, sociales, económicos y políticos que deja el Mundial? Como en las viejas películas: hay cosas buenas, malas y feas.
Lo bueno fue, sin duda, la afición mexicana. Durante tres semanas vivimos un extraordinario Mundial callejero que inundó la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, aunque, en realidad, el ambiente futbolero se extendió por todo el país. Hubo entusiasmo, unidad, esperanza y una Selección Mexicana que, sin superar sus limitaciones históricas, logró reconciliarse con la afición. México llegó hasta donde actualmente le alcanza su nivel futbolístico, pero recuperó algo que parecía perdido: la empatía con la sociedad. No es poca cosa.
También fue positivo que durante tres semanas descansáramos de esa maldita polarización que se instaló en la vida pública nacional. El fútbol consiguió lo que la política ha sido incapaz de lograr: reunirnos alrededor de una emoción compartida. Por desgracia, terminó el Mundial para México y regresaron inmediatamente las descalificaciones, los insultos, las campañas y la confrontación permanente.
Lo malo fueron los precios. Asistir a un estadio se convirtió en un marcador social. La voracidad de la FIFA alejó el Mundial de las familias y confirmó que el fútbol moderno es, antes que deporte, un gigantesco negocio. La distancia entre los organismos internacionales y la realidad económica de millones de aficionados nunca había sido tan evidente.
La derrama económica existió, pero estuvo impulsada principalmente por el consumo local y el extraordinario ambiente desarrollado en calles, plazas y restaurantes. La verdad debe decirse: las expectativas en materia de turismo internacional, ocupación hotelera, plataformas de hospedaje y consumo estuvieron lejos de cumplirse plenamente.
Lo feo fue la improvisación gubernamental. Un día después de que terminara el Mundial para México fueron entregadas obras de remodelación del Metro programadas precisamente para recibir el torneo.
Lo más feo fue que muchos ni siquiera pudimos conocerlas terminadas. Algunas instalaciones fueron vandalizadas durante protestas de colectivos inconformes con el gobierno.
Terminó el Mundial para México. Quedan fotografías, recuerdos y emociones. También quedan preguntas incómodas sobre el negocio de la FIFA, la infraestructura, el turismo y las oportunidades perdidas. Durante tres semanas fuimos un país unido por el fútbol. El problema es que el partido terminó y México volvió demasiado rápido a su realidad.
Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce.



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/CR

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