Claudia Bolaños
Tras más de medio siglo de ausencia, el lobo mexicano regresó a la Sierra Madre Occidental gracias al trabajo conjunto de comunidades locales, investigadores y zoológicos de Estados Unidos y México.
Un modelo de conservación impulsado por pobladores de comunidades de Durango marcó un punto de inflexión en la recuperación del lobo mexicano (Canis lupus baileyi) en su hábitat natural, señaló Ernesto Zazueta, presidente de la Asociación de Zoológicos, Criaderos y Acuarios de México (AZCARM).
La comunidad de El Tarahumar y Bajíos del Tarahumar, en el municipio de Santa Catarina de Tepehuanes, se ha convertido en un referente nacional por su proceso de organización y manejo sustentable de los recursos naturales. Tras décadas de degradación ambiental e inseguridad vinculada a la explotación ilegal, habitantes que permanecieron en la zona lograron transformar el territorio mediante un modelo que combina conocimientos ancestrales y tecnología moderna.
Este esfuerzo permitió la restauración de más de 73 mil hectáreas de bosque templado y matorral, donde ahora se concreta el regreso del lobo mexicano.
Como resultado de este proceso, se llevó a cabo la liberación de cuatro ejemplares: una pareja reproductora, Jhon y Miranda, y sus dos crías, Elías y Chuy, cuyos nombres rinden homenaje a investigadores y estudiantes involucrados en el proyecto.
El director general de Vida Silvestre de la Semarnat, Fernando Gual, destacó que la conservación del lobo mexicano ha sido un esfuerzo binacional que ha unido a México y Estados Unidos durante décadas. Indicó que más de 65 zoológicos participan en este programa, el cual inició hace 35 años con la reproducción en cautiverio para evitar la extinción de la especie.
El proyecto es resultado de casi tres décadas de trabajo científico, social y ambiental encabezado por el especialista Jorge Servín, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, quien ha colaborado con comunidades forestales en un modelo basado en la participación local y el respeto al entorno.
A diferencia de intentos anteriores, esta reintroducción se distingue porque fueron las propias comunidades quienes solicitaron el regreso del lobo a sus territorios, tras consolidar un manejo sustentable del bosque. Este enfoque contrasta con experiencias en otras entidades donde la falta de consenso social ha limitado estos esfuerzos.
Especialistas subrayan que el lobo mexicano cumple un papel clave como depredador tope, al regular poblaciones de presas, reducir el sobrepastoreo y favorecer la regeneración de los ecosistemas.
Actualmente, la especie continúa en peligro de extinción, con menos de 200 ejemplares en vida silvestre, por lo que este modelo podría marcar una nueva etapa en su recuperación.
Zazueta afirmó que este proyecto representa un momento histórico para la conservación en México, al demostrar que la participación comunitaria, el acompañamiento científico y el respaldo institucional pueden generar resultados sostenibles y replicables en la protección de la biodiversidad.