Luego de que la soberana inglesa les prohibiera utilizar el “Royal” como una marca, los duques de Sussex respondieron que no pretenden utilizar la palabra en ningún territorio ni en Reino Unido, pero precisaron que la familia no es dueña del concepto. La decisión de Isabel II implica un duro golpe a la pareja que pretendía, volver su ascendencia un negocio rentable tras su separación de la realeza.