Finalmente, la realidad de la situación geoeconómica que prevalece en el mundo, determinada en parte por la geopolítica, tuvo que ser reconocida por las autoridades hacendarias de nuestro país.
El viernes por la noche, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) entregó al congreso mexicano el documento de Precriterios Generales de Política Económica para 2023, un día después de la fecha marcada por la ley.
Dicho documento contiene las principales variables económicas, como inflación o PIB, con las cuales se estima la meta de ingresos y gastos del gobierno federal.
Así, la SHCP recortó la estimación del Producto Interno Bruto (PIB) para este año a 3.4 por ciento, desde un estimado previamente de 4.1 por ciento, con este último dato de hecho se elaboró el presupuesto federal para el ejercicio del año en curso.
De esta manera el PIB nominal en el cierre de 2022 sería de aproximadamente 28.9 billones de pesos; la SHCP considera que para 2023 esta misma cifra se ubique en 31.1 billones, es decir un incremento de 3.5 por ciento.
De acuerdo con la institución hacendaria, el pronóstico de crecimiento para 2022 se presenta en un contexto en el que la economía global enfrenta “importantes retos”, entre los cuales destaca una mayor prolongación de choques de oferta y demanda de bienes y servicios por el Covid-19.
De acuerdo con lo planteado por la SHCP en su documento oficial, estas presiones han provocado cuellos de botella y problemas logísticos en las cadenas globales de valor, escasez de insumos industriales, aumentos en los costos de transporte, así como alzas en los precios de alimentos y materias primas, principalmente en los mercados energéticos.
También, la dependencia explicó que la guerra Rusia-Ucrania acentuó el incremento en el precio de alimentos y materias primas, por lo que no se descarta un desabasto de insumos para la industria manufacturera, particularmente para la producción automotriz a nivel mundial.
Dicho conflicto representa una fuente de volatilidad en el mercado financiero, observándose recomposiciones de portafolios hacia instrumentos financieros de bajo riesgo, denominados en monedas de reserva y emitidos por economías avanzadas.
El cálculo del crecimiento económico es muy relevante porque a partir de éste se elabora el paquete económico que el Ejecutivo federal entrega al Poder Legislativo en septiembre próximo para el siguiente año, de acuerdo a los tiempos que marca la ley, con miras a su aprobación antes de que termine noviembre.
La SHCP también revisó a la baja el PIB del año siguiente; en el documento de septiembre pasado estimaba un crecimiento de 3.6 por ciento, mientras que dicha meta fue recortada a 3.5 por ciento en los Precriterios Generales de Política Económica 2023
Proyecciones privadas son menos optimistas
La nueva perspectiva del PIB nacional informada el viernes pasado por la SHCP está muy por arriba de las proyecciones que tienen otros agentes económicos, como quienes se desempeñan en los círculos económico-financieros del sector privado.
Así, ese 3.4 por ciento queda muy por arriba, superando en 1.6 puntos, el nivel objetivo de 1.8 por ciento que consideran analistas del sector privado consultados por el Banco de México (Banxico).
Este grupo de expertos, que se encuentra conformado por un total de 37 grupos de análisis y consultoría económica del sector privado local y extranjero, asegura que factores como la gobernanza, las condiciones económicas internas y la inflación son los principales factores que podrían obstaculizar la expansión del PIB en México.
Asimismo, los especialistas han añadido que los problemas de inseguridad pública, la incertidumbre política interna, al igual que problemas de falta de estado de derecho y corrupción son los factores de mayor preocupación. Sin olvidar todo el contexto global.
Estos analistas consideran que sería sano reconocer la realidad para que se puedan utilizar instrumentos de política económica más eficientes que permitan estimular el crecimiento de largo plazo en el país.
El PIB estimado de 3.4 por ciento para 2022 supera igualmente a la proyección de 2.8 por ciento que ha fijado el Fondo Monetario Internacional (FMI) para el caso de México.