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Reusar, no extraer: el futuro del agua en México

Reusar, no extraer: el futuro del agua en México

Tendencias lunes 20 de abril de 2026 -

Jaime Arturo Ruiz | @jaimeruizmx
jaime@primermovimiento.com

- Durante décadas, el diagnóstico dominante sobre el agua en México fue la escasez. Sin embargo, esa explicación —aunque parcialmente cierta— resulta hoy insuficiente para comprender la dimensión real del problema.

- La evidencia internacional demuestra que la disponibilidad natural no es el único ni el principal determinante de la seguridad hídrica.


Países con condiciones mucho más adversas han logrado garantizar el suministro a partir de decisiones estratégicas, inversión sostenida y modelos de gestión eficientes.

El caso de Singapur es ilustrativo. Sin fuentes naturales abundantes, el país ha construido un sistema resiliente basado en la diversificación: captación de lluvia, importación, desalinización y, sobre todo, reúso avanzado del agua.

En contraste, México —con mayores recursos hídricos en términos agregados— enfrenta cortes frecuentes, acuíferos sobreexplotados y conflictos sociales crecientes. La diferencia no radica en la naturaleza, sino en la forma en que se ha administrado el recurso.

Un modelo lineal que ya no funciona

El modelo hídrico en México sigue una lógica extractiva y lineal: se extrae, se utiliza y se desecha. Más del 70% del agua se destina al sector agropecuario, donde los niveles de eficiencia continúan siendo bajos; en algunos distritos de riego, menos de la mitad del agua utilizada llega efectivamente a los cultivos. A esto se suman las pérdidas en redes urbanas, que pueden alcanzar hasta el 40% debido a fugas, infraestructura obsoleta y falta de mantenimiento.

Pese a estas ineficiencias, la respuesta predominante ha sido buscar nuevas fuentes: perforar más profundo, construir infraestructura para transportar agua desde cuencas lejanas o depender de sistemas cada vez más vulnerables al cambio climático. Esta estrategia no solo es costosa, sino insostenible en el largo plazo.

Gobernanza, regulación y presión social

En este contexto, la discusión pública comienza a evolucionar. La propuesta de una nueva Ley General de Aguas busca reforzar el derecho humano al acceso y redefinir el papel del Estado y del sector privado. Sin embargo, también plantea interrogantes clave: ¿cómo equilibrar el acceso universal con la sostenibilidad de los sistemas? ¿Cómo garantizar certidumbre para sectores productivos intensivos en el uso del agua sin comprometer el recurso?

A la par, la presión social está redefiniendo las reglas. De acuerdo con el Barómetro de la Transformación de Veolia, cerca del 80% de la población percibe riesgos asociados al agua, la contaminación y el cambio climático. Más aún, nueve de cada diez personas estarían dispuestas a adoptar soluciones como el reúso.

Este cambio de percepción implica que la legitimidad de empresas y gobiernos dependerá cada vez más de su capacidad para gestionar el agua de forma responsable.

El agua como riesgo estratégico para la industria

Para el sector industrial, el agua ha dejado de ser un insumo abundante y barato para convertirse en un factor crítico de riesgo, tanto operativo como reputacional. Las empresas ya no solo enfrentan la presión de optimizar su consumo, sino de demostrar circularidad en todo el ciclo hídrico: desde la captación hasta el tratamiento y la reutilización.





En industrias altamente demandantes —como la de semiconductores— el estándar es claro: operar con agua reciclada que cumpla criterios de calidad incluso superiores al agua potable. En este ámbito, Singapur ha vuelto a marcar la pauta con su sistema NEWater, que transforma aguas residuales en un recurso estratégico mediante procesos avanzados como microfiltración, ósmosis inversa y desinfección ultravioleta.

Actualmente, cerca del 30% de la demanda hídrica del país se cubre con agua regenerada, una proporción significativa destinada a sostener su actividad industrial sin aumentar la presión sobre fuentes naturales. México, en contraste, apenas explora este potencial, manteniendo una visión en la que el agua residual sigue considerándose un desecho.

Cerrar el ciclo: el verdadero desafío

El futuro hídrico de México no dependerá de encontrar nuevas fuentes, sino de transformar su modelo. Cerrar el ciclo del agua implica invertir en infraestructura de tratamiento, modernizar redes de distribución, establecer incentivos adecuados y reconocer el valor económico, social y ambiental del recurso.

Pero el desafío no es únicamente técnico. También es cultural. Durante años, el agua fue percibida como un bien inagotable. Solo cuando comenzó a escasear entró en la agenda pública como una emergencia. El reto ahora es consolidar una visión de largo plazo en la que el agua deje de ser un tema reactivo y se convierta en una responsabilidad compartida.

De la conversación técnica a la acción colectiva

En este cambio de paradigma, comienzan a surgir espacios que acercan la discusión hídrica a la sociedad. Iniciativas como AQÜIFERA y el Festival del Bosque 2026 —que transformará el Bosque de Chapultepec en un punto de encuentro entre ciencia, cultura y ciudadanía— reflejan una tendencia clara: el agua ha dejado de ser un tema exclusivo de especialistas.

La participación de actores como Rotoplas, Nestlé, Dow, British Council y Agua Capital apunta hacia un modelo de corresponsabilidad en el que sector público, privado y sociedad civil convergen para replantear la gestión del recurso.

Lejos de ser esfuerzos aislados, estas plataformas forman parte de una narrativa más amplia: la sostenibilidad hídrica como eje transversal del desarrollo. México no enfrenta una crisis inevitable, sino un problema de decisiones acumuladas. Y, como tal, también tiene en sus manos la posibilidad de revertirlo.

Por Leslie Lamadrid, Directora de Marketing, Comunicación y Sostenibilidad

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JC/CR

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