Durante los primeros nueve meses de 2025, el sector informal de la economía se consolidó como el principal generador de empleo en México, con la creación de 1 235 214 puestos. Esta cifra representa el tercer mayor registro desde que se tienen datos de la Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
En ese mismo periodo, el empleo formal neto perdió 311 903 plazas. Del total de la población ocupada en septiembre de 2025 —60.3 millones de personas—, 27.2 millones tenían empleo formal y 33.1 millones estaban en la informalidad. Esto implica que 54.9 % de los trabajadores carecen de protección social, salud o prestaciones.
Dentro del grupo de 33.1 millones en empleo informal, el 16.4 % trabaja en actividades agropecuarias, el 6.8 % en el servicio doméstico remunerado y el 53 % en lo que se considera empleo informal “clásico”. De estos trabajadores informales, 50.1 % son asalariados, lo que en principio implicaría que podrían tener prestaciones, pero no necesariamente las tienen.
Históricamente, las plazas formales han sido menos numerosas que las informales, tanto en cifras absolutas como en proporción. Desde 2005 se observa una tendencia de transición laboral hacia el empleo formal. Sin embargo, las mujeres presentan mayores niveles de informalidad que los hombres. En cuanto al estado civil, los hombres casados concentran más empleo formal, mientras que las mujeres casadas registran mayor informalidad.
La informalidad laboral representa uno de los retos más importantes para el país, pues tiene implicaciones relevantes en el ámbito social y económico: impacta productividad, crecimiento y coloca a los trabajadores en situación de vulnerabilidad. Estudios del Fondo Monetario Internacional señalan que en economías con altos niveles de informalidad, la respuesta del desempleo a los ciclos económicos es más débil. A su vez, en periodos de crecimiento robusto, la informalidad tiende a disminuir; frente a desaceleraciones, tiende a aumentar. Este fenómeno sugiere que, aunque el empleo informal puede amortiguar el impacto del ciclo económico sobre el desempleo, también perpetúa una estructura laboral de debilidades.