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Si las palabras hablaran

Si las palabras hablaran

Nación martes 05 de enero de 2021 - 00:54

A las palabras no siempre se las lleva el viento. De la añeja lucha verbal y política entre capitalismo y comunismo, sólo queda la segunda como adjetivo que, con el paso de las consignas y los años, dejó de ser un concepto económico para convertirse en una sucursal del infierno.

El capitalismo ha desarrollado mutaciones verbales arrojando vocablos como imperialismo, neoliberalismo, globalización. Así, desde la otra esfera de la sociedad se adoptan, entienden y cuestionan.

El vocabulario de esa otra esfera que, a pesar de sus bajas condiciones socioeconómicas se consideran partidarios del “capitalismo”, no han dejado de practicar un glosario que próximamente cumplirá un siglo y denominan comunismo a todo lo que no encaja en su forma de percibir la realidad.

En México, esta percepción trasnochada es muy clara, los conservadores disidentes siguen utilizando el comunismo como adjetivo que califica y no como una práctica administrativa, impulsando el fantasma de un pensamiento fuera de tiempo y una acción que nunca se concretó en la realidad. El capitalismo es más antiguo que el comunismo, pero este es calificado de antiguo por los primeros, en una especie de tiempo elástico como diría Albert Einstein, pero esta vez aplicado a la economía política.

Las palabras tienen su historia y cada historia tiene sus palabras, aunque, en este momento, en nuestro país haya un anacronismo lingüístico, con el cual intentan asustar en el caso del comunismo inexistente, como si fuera parte del futuro, por si fuera poco, como si estuviera en los planes del actual gobierno.

El discurso marca también el tiempo en el que se desarrolla el lenguaje, es un referente del tiempo, un límite entre lo nuevo y lo que no lo es; sin embargo, quienes no quieren cambiar de demonio lo injertan en las decisiones del gobierno, advirtiendo que el pasado puede llegar al futuro sin más condición que la voluntad de quienes ejercen el poder.

El lenguaje ayuda al tiempo a caminar por la historia, renueva la forma de comunicarse y le da nombre y vigencia al momento que se vive, pero hay quienes integran a su discurso el lastre del pasado imaginado como un fantasma que ya no asusta a nadie.

La falta de conocimiento histórico, y muchas veces académico, arroja atropellos contra el lenguaje, y estorba al tiempo para que siga su curso con claridad. La utilización de palabras sin significado habla más de quien la pronuncia que de quien se le adjudican y no es otra cosa que la nostalgia por una guerra fría, que creaba golpes de estado con el fantasma diabólico del comunismo y forzaba a cerrar filas a favor de privilegios y privilegiados. Esas mayorías apoyaban en las urnas a quienes deterioraban su calidad de vida, con el voto.

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JG/CR

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