En el apretado calendario ATP hay torneos que hay que jugar y torneos que se quieren jugar. El Abierto Mexicano de Tenis en Acapulco ha superado su designación como ATP 500 para convertirse en el lugar favorito de las estrellas del tenis mundial. Año tras año, los jugadores lo eligen como el mejor torneo en su tipo en el mundo, un logro para un torneo latinoamericano.
Y siendo sinceros, este éxito tiene su razón de ser. Probablemente, todo esté relacionado con una mezcla perfecta de estrategia, hospitalidad y ambiente festivo, lo que lo distingue de la atmósfera solemne de otros torneos. Acapulco supo que para atraer a los mejores no bastaba con puntos y premios; había que darles una experiencia.
De la arcilla a la dura
Durante años, Acapulco fue un torneo reconocido, pero de nicho, para jugadores de arcilla, lo que le restaba atractivo para muchos tops. La gran decisión se tomó en 2014; el torneo se transformó en pista dura. Este movimiento fue una genialidad porque, al sincronizarse con los grandes torneos sobre cemento norteamericanos que venían a continuación, Acapulco se erigió de inmediato como la mejor puesta a punto.
Los mejores jugadores, que antes descansaban o jugaban en otras superficies, ahora encontraron en México la mejor manera de aclimatarse y competir al máximo nivel.
Esto revolucionó el cuadro principal, atrayendo a varios Top 10 del mundo año tras año. Esta llegada de talento catapultó el torneo, atrayendo la atención mundial y convirtiéndolo en una cita obligada para las
apuestas tenis.
El romance con el público mexicano
No se puede hablar del éxito de Acapulco sin mencionar el idilio que el torneo tiene con sus leyendas y, en particular, con Rafael Nadal. El astro español, uno de los máximos ganadores del torneo, siempre tuvo un afecto especial por el público mexicano, y este siempre se lo correspondió.
La adoración que Nadal despertaba cada vez que jugaba en la central transformó el ambiente en algo más parecido a la Copa Davis que a un torneo.
Esta historia de amor entre las estrellas y la afición mexicana se volvió la marca del evento.
Los jugadores no solo venían a competir; venían a experimentar un público respetuoso pero increíblemente entusiasta. El cariño que el público mexicano tiene a los tenistas es una de las principales razones por las que los tenistas vuelven.
Hospitalidad más allá del lujo
El secreto del AMT y de cualquier Abierto Mexicano se vive fuera de la cancha, ya que los anfitriones dominan el arte de la hospitalidad. Los jugadores son tratados como invitados de honor alojados en resorts con vistas al Pacífico; así el torneo combina alta competencia con un ambiente relajado, casi vacacional.
La comida, la música, las actividades de ocio y, sobre todo, el trato humano. Mientras que en otros torneos los tenistas viajan del hotel al club en una rutina aburrida, en Acapulco están de fiesta.
Esta mezcla entre la calidez de la cultura y la organización de primer nivel es lo que crea esa fidelidad. Los jugadores están cómodos, se sienten apreciados, están contentos y eso se nota en el espectáculo.