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Columnas
En unas horas iniciará el gobierno de la primera presidenta en la historia de México, el de Claudia Sheinbaum Pardo. Veremos qué sucede en los próximos seis años.
Desde luego, muchas expectativas se han generado a favor y en contra de la nueva mandataria; desde aquellas que consideran que será un gran éxito hasta quienes señalan que tendrá un rotundo fracaso.
También hay para quienes es indiferente, esperan lo que sea de quien sea.
La semana pasada estuve en un evento de inversionistas y ahí me llamó la atención un término relacionado con la primera presidenta de México.
Los expositores daban por descartado que la presidenta Sheinbaum se desmarque de Andrés Manuel López Obrador, de quien dijeron que se va con claroscuros, por más que intente reflejar una imagen de triunfo.
Pero sus contradicciones le van a pasar factura al próximo gobierno.
Sim embargo, pese a todo Sheinbaum no se desmarcará ni hablará mal del gobierno que la antecede, debido entre otras cosas a que la presidenta comparte la visión de su antecesor Andrés Manuel López Obrador, de hecho se formó a su lado y han transitado juntos desde hace por lo menos dos décadas el camino que llevó a López Obrador a la presidencia, y ahora a ella.
Sin embargo, la presidenta Sheinbaum sí podría marcar algunas diferencias con su antecesor, mantener lo hecho por él pero ajustarse más a los indicadores y con base en ello diseñar políticas públicas más integrales.
Y, sobre todo, dejarse de caprichos, eb parte porque tendrá poco margen.
Por ejemplo, pocos recursos tendrá para llevar a cabo alguna obra faraónica, por eso ha preferido realizar diversas obras de infraestructura en la mayoría de los Estados.
Varios serían los puntos en los que la nueva presidenta podría ser distinta a su antecesor, sin que ello signifique una ruptura.
Para los expositores del evento, todo aquel que quiera ver a la presidenta romper con López Obrador y cambiar su política social y económica, se quedará esperando.
Pero sí podrían haber algunos matices; por ejemplo, una política de construcción de infraestructura más cercana con la Iniciativa Privada.
Por esta causa u otras más, los analistas que expusieron algunos temas relacionados con las expectativas en torno al nuevo mandaron que inicia este octubre, se preguntan si Sheinbaum no podría ser un híbrido entre el estilo del presidente que se va y el suyo propio.
En su carácter de científica, considerando que tiene una importante formación académica a diferencia de su tutor, se preguntan si podría ser más pragmática, más sensible al manejo adecuado de las cifra, de los indicadores y de todo aquello que hoy domina en el mundo guste o no, además de la corriente populista que de ninguna manera abandonará.
Se preguntan pues si podría llegar como presidenta a ser una Tecno-populista, y qué beneficios le traería eso a México.
Lo veremos, todo inicia en unas cuántas horas.