La vulnerabilidad de nuestro país ante los fenómenos hidrometereológicos obedece a su geografía. México está dividido por el Trópico de Cáncer (23°26'14" N), que es una frontera climática real. Al norte tiene una zona templada dominada por vientos del oeste; al sur, una zona subtropical donde los vientos alisios y las ondas tropicales marcan la temporada de lluvias. Esa ubicación lo coloca en la convergencia de los grandes sistemas atmosféricos. A 11,000 metros de altura corren las corrientes de chorro o Jet Stream, de 180 a 400 km/h, que generan altas y bajas presiones. En invierno empujan aire polar que congela el Altiplano y produce los Nortes en el Golfo. En verano se retraen y permiten la entrada de ondas tropicales que evolucionan a huracanes. El país está expuesto por dos océanos. En el Pacífico los ciclones nacen frente a Guerrero y Oaxaca y avanzan paralelos a la costa; si hay condiciones propicias giran y golpean Guerrero, Jalisco, Colima, Sinaloa o Baja California. En el Atlántico cruzan Yucatán, se debilitan y se reorganizan en el Golfo para azotar Veracruz y Tamaulipas.
El 25 de octubre de 2023 el huracán Otis azotó Acapulco. Pasó de tormenta tropical a categoría 5 en 12 horas sin que nadie lo anticipara. Mientras la autoridad reaccionaba, la población quedó incomunicada. El impacto nunca es local: un huracán en Yucatán puede proyectar efectos a 2,000 km hasta CDMX, San Luis Potosí, Zacatecas y Monterrey, como con Gilberto en 1988. Ni la Sierra Madre Oriental, ni el Eje Volcánico, ni los 1,800 m del Altiplano lo frenan. Los datos son contundentes: 60 frentes fríos y 30 ciclones al año en promedio, con 2,000 a 4,000 mm de lluvia en el sureste y 300 a 600 mm en el norte. El Atlas Nacional de Riesgos señala que 70% del territorio es vulnerable, con Guerrero, Chiapas, Veracruz, Tabasco y Oaxaca a la cabeza en declaratorias de desastre. Veracruz y Tabasco se inundarán, el Altiplano se congelará, el noroeste se secará, el monzón solo dejará lluvias en la costa del Pacífico limitadas por la Sierra Madre Occidental, los frentes bajarán de Chihuahua a Tamaulipas y el centro será embudo de tormentas y granizo.
En los últimos 40 años, los fenómenos hidrometereológicos (huracanes, ciclones, tormentas e inundaciones) han representado la principal causa de desastres naturales, concentrando más del 85.0 % de las pérdidas materiales. De acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres de 2000 al 2024, México acumuló más de 710,000 millones de pesos en pérdidas económicas por estos meteoros.
México carece de un verdadero plan nacional de adaptación y de alerta temprana eficiente. Seguimos construyendo (desarrollo urbano, industrial, turístico y agropecuario) en zonas de riesgo ignorando que la naturaleza reclamará su espacio. El clima no es asunto de pronóstico ni de atender damnificados después, sino de prevención, ordenamiento y educación.
*Carlos Alvarez Flores, Presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C.
Experto en Gestión de Residuos y Cambio Climático
www.carlosalvarezflores.com y “X” @calvarezflores