La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) da a conocer la percepción de la población sobre la seguridad pública. Es una de las herramientas de medición más relevantes en la materia y su emisión siempre genera reacciones. Al interior de las instituciones de seguridad, la ENSU orienta sobre el rumbo de las políticas en curso y permite ajustes; a los analistas les permite generar crítica y propuesta y a los medios de comunicación materia para sus propósitos editoriales.
En la encuesta existe un rubro que merece atención especial por su relevancia en la vida cotidiana. Es el referente a “Población de 18 años y más con existencia de conflictos o enfrentamientos, por tipo de actor”, del que se desprende que: “de la población de 18 años y más que reconoció haber tenido conflictos o enfrentamientos de manera directa por causa de incivilidades en su entorno, 75% mencionó que estos conflictos se dieron con los vecinos”.
En el apartado específico de tipo de conflictos y enfrenamientos, la lista es la siguiente:
El primer lugar de conflictividad lo ocupa el ruido. Exceder los límites de ruido permitido no sólo quebranta la ley, también fisura la convivencia y genera un efecto en cadena que finaliza en conductas más delicadas.
De acuerdo con las modificaciones más recientes en materia de ruido y contaminación auditiva, la persona que haga ruido mayor a los 65 decibeles (dB) en la CDMX podrá ser amonestada o arrestada hasta por 36 horas. La policía está facultada para intervenir en estos casos. Instalar un sonómetro gratuito en el teléfono celular desde la tienda de aplicaciones ayuda a saber si el ruido está dentro de lo permitido.
El segundo lugar lo ocupa la basura tirada o quemada. Tirar la basura sin cumplir acuerdos entre vecinos y recolectores, genera tensión y problemas. En aquellos lugares en que se acostumbra además quemarla, el problema trasciende a cuestiones de salud y afectación del medio ambiente.
Tercer lugar: problemas relacionados con animales domésticos. El tener una mascota es una responsabilidad. Los animales por sí mismos son incapaces de cumplir con la expectativa social. Somos los dueños quienes, con el cuidado que tengamos sobre su comportamiento, cumplimos o violentamos las normas de sociabilidad.
El cuarto sitio es el de problemas de estacionamiento. Sea por poseer más vehículos que espacio para estacionarlos o porque lo hacemos arbitrariamente sin pensar en la necesidad de los demás, no son pocos los conflictos generados por esta situación.
Siguen en la lista los malentendidos o “chismes”, molestias por borrachos, drogadictos o pandillas y conflictos con los hijos de los vecinos, en ese orden.
Que el 75% de conflictos y enfrentamientos se den en el entorno vecinal contra el 35% en otros ambientes como la calle o el transporte público, debiera despertar una profunda reflexión. El hogar es donde más seguros y plácidos debiéramos sentirnos. No hacerlo así nos torna potencialmente disfuncionales en otros entornos.
La buena vecindad era un arte que se dominaba en tiempos pasados. Con cierta nostalgia se recuerda cuando la calle era un espacio vital y formativo para los niños que tenían en los vecinos un amplio grupo de cuidadores permanentes. Las festividades eran compartidas y prevalecía la confianza y armonía como sello distintivo.
La pérdida de capacidades de socialización y el egoísmo propio de nuestra era parecieran reflejarse en la ENSU y lo debemos corregir.
De no ser buenos vecinos ¿a quién podemos culpar?