En política, el lugar desde donde se habla es tan importante como lo que se dice. Por eso, el reciente pronunciamiento de la presidenta sobre las acciones intervencionistas de Estados Unidos en Venezuela, emitido desde la mañanera, deja una sensación incómoda: el mensaje correcto, en el foro equivocado y dirigido, sobre todo, al público incorrecto.
No está en discusión el fondo. México ha sostenido históricamente una política exterior basada en la no intervención, la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de las controversias. En ese plano, el posicionamiento fue coherente. El problema es otro: las necesidades comunicativas de la Presidencia hacia su propio pueblo.
Donald Trump no es un actor circunstancial. Representa a un vecino históricamente intervencionista, con una larga lista de agravios políticos, económicos y territoriales sobre México y América Latina. No es un prejuicio; es historia. Como dice el dicho popular, la burra no era arisca, la hicieron a palos. Y México aprendió que las amenazas suelen presentarse como advertencias veladas o declaraciones ambiguas.
En ese escenario, cuando la presidenta habla de Venezuela, inevitablemente habla también de México. Porque cualquier reposicionamiento geopolítico en la región impacta nuestra relación bilateral con Estados Unidos y con Latinoamérica. Por eso, el mensaje no debía limitarse al exterior. Debía estar dirigido, de manera prioritaria, a las y los mexicanos: para explicar el momento, ubicarlo en su justa dimensión y, sobre todo, ofrecer certeza, tranquilidad y seguridad.
La ciudadanía no requiere un discurso técnico-diplomático en una conferencia cotidiana. Necesita saber si existen presiones, si hay escenarios de riesgo y si el Estado mexicano está leyendo correctamente el tablero internacional. No pasemos por alto, que el pueblo está viendo que la guerra ya no está del otro lado del mundo. El liderazgo presidencial debe ordenar la conversación interna.
Resulta paradójico que la presidenta utilice la red social X para enumerar los logros del 2025 —sin demeritar la rendición de cuentas—, pero no haya emitido un mensaje solemne, breve y directo a la nación cuando el tema es soberanía, política exterior y la relación con un vecino poderoso, impredecible y con antecedentes de intervención. Es un asunto de Estado.
Lo bueno es que hay tiempo para reconsiderar. Lamentablemente, esto apenas comienza. Un mensaje desde la oficina presidencial, en cadena nacional, no sería un acto de rectificación, sino de conducción. Serviría para explicar que México defiende principios, que entiende el momento histórico y que no actúa con ingenuidad frente a su entorno. No para alarmar, sino para dar confianza. No para confrontar, sino para dejar claro que el país tiene rumbo y liderazgo.
La mañanera informa. El mensaje a la nación conduce. Y frente a las sombras largas del intervencionismo histórico y las señales inquietantes del presente, México necesita esa conversación con su propia gente.
Ya lo dijo el expresidente Andrés Manuel López Obrador, “la mejor política exterior es la interior”.
ENTRE GITANOS
¿Y LA VOCERA?
Vale la pena detenerse en la figura de Paulina Silva, vocera de la presidenta. Profesional, institucional y con oficio probado, cuesta trabajo pensar que no haya advertido el desajuste entre el fondo del mensaje y el foro desde el cual se emitió. La pregunta no es malintencionada, pero sí obligada: ¿no la escucharon?, ¿o simplemente le impusieron que el tema se resolviera en la mañanera? En comunicación la vocería no es ornamental; es estratégica. Y cuando esa voz parece no haber pesado, algo merece revisión.
¿Y EL CONGRESO CAPITALINO?
La coyuntura internacional también dejó expuestos pendientes locales. ¿Los jaloneos con las diputadas de oposición impidieron construir los consensos mínimos para que el Congreso de la CDMX emitiera un pronunciamiento institucional de respaldo a la presidenta? ¿Los agarraron de vacaciones? Llama la atención que, mientras la jefa de Gobierno, Clara Brugada, las gobernadoras y gobernadores de la 4T cerraron filas y firmaron un pronunciamiento conjunto, el Legislativo capitalino optó por el silencio.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com