En la Constitución mexicana la palabra igualdad se menciona 15 veces. Está la procesal, la laboral; de postulación electoral; de oportunidades para las personas indígenas; de condiciones en el ejercicio de la docencia; de derechos en materia de movilidad; en materia de contenidos de la radiodifusión sin fines de lucro y hasta la igualdad jurídica de los estados en materia de política exterior.
Sin embargo, la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres aparece solo una vez pero se le menciona de manera tangencial. Es un contenido obligatorio de la educación, que “se basará en… un enfoque de… igualdad sustantiva”.
Eso empezó a cambiar el martes 14 de diciembre. Ese día, el Senado aprobó por 87 votos a favor, cero en contra y cero abstenciones, el dictamen de las Comisiones que analizó favorablemente una sola iniciativa de la Senadora Claudia Ruiz Massieu, presentada en marzo pasado.
La Senadora propuso adicionar al artículo primero constitucional un nuevo párrafo sexto: “El Estado velará por el imperio del principio de igualdad sustantiva entre las mujeres y los hombres”.
El dictamen aprobado quedó así: “Las autoridades de los Estados Unidos Mexicanos promoverán, respetarán, protegerán y garantizarán, en el ámbito de sus respectivas competencias, el principio de igualdad sustantiva entre mujeres y hombres”, que tiene mejor técnica legislativa y mucho mejores y mayores alcances y efectos.
Sin duda, la reforma es de entidad superlativa. Adiciona esta igualdad como un principio jurídico con sede en el artículo primero, en donde reside todo el fundamento normativo y filosófico de la dignidad humana. Irradiará de manera transversal hacia todas las materias, ramas y disciplinas del derecho y será vinculante para todas las autoridades de este país. Absolutamente todas: poderes del estado, órganos autónomos, estados, municipios, y regímenes jurídicos indígenas y afromexicanos.
Por su parte, el adjetivo calificativo de “sustantiva” resulta también fundamental. Es el estadio superior de la igualdad ante la ley. Significa trascender la igualdad formal (en el Derecho) hacia la igualdad material (en la realidad), que por tantos años nuestra arquitectura normativa y las autoridades en general les negaron a las mujeres, indebida e imperdonablemente.
Mientras los votos se sumaban en la columna de “a favor”, se pudo ver una amplia sonrisa en la expresión de Ruiz Massieu. Lo merecía. Lo había logrado.
Estamos ante una de las expresiones más importantes de la convicción de la clase política entera y de la filosofía política del Estado mexicano respecto de un viejo debate conceptual y jurídico que, por años, estuvo en la parte baja de la lista de prioridades. El martes ascendió al primer lugar. San Lázaro tiene la palabra. Que sea la que esperan México y las mujeres.
@ElConsultor2
gsergioj@gmail.com