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Columnas
CADA VEZ que publican una encuesta en México sobre preferencias electorales o la popularidad del presidente Andrés López Obrador saltan las dudas sobre la metodología que usaron, los grupos a los que aplicaron y también sobre las preguntas o las vías a través de las cuales obtuvieron las respuestas.
Basta recorrer las calles, mercados públicos, supermercados, escuelas, transporte público y reuniones en restaurantes o fiestas para comprobar que hay una mayoría silenciosa que rechaza al gobierno de AMLO y todo lo que suene a “cuarta transformación”.
No debemos hablar sólo de quienes perdieron familiares por Covid-19 o parientes -niños y adultos- por causa del cáncer y falta de atención médica; tampoco nos referimos a quienes quedaron sin empleo, durante y después de la pandemia sanitaria o de quienes han buscado en vano a sus hijos, hermanos o padres desaparecidos. En todos estos casos se actuó de manera deliberada o negligente.
Las encuestas tienen un sello de manipulación y sesgo por razones monetarias y por eso no son de aceptación generalizada, con excepción de quienes las pagan casi siempre bajo la sombra de ocultamiento o las prácticas subrepticias.
El rechazo al actual gobierno se puede comprobar en dos vertientes:
1.Los grupos de mexicanos que han sido denostados y descalificados, desde el primer día de diciembre de 2018 y hasta el día de hoy por el discurso cotidiano que sale de Palacio Nacional, sean periodistas, doctores, empresarios, jueces, policías, abogados, universitarios, economistas, feministas, colectivos, diputados, senadores y alcaldes de oposición entre otros.
2.Los mexicanos que no quieren saber más de los políticos morenistas o que así quieren que los llamen, ya que por su pasado podríamos colgarles otros motes, y los advenedizos que han rodeado a AMLO en los últimos 5 años, y que se han hecho millonarios a través de la adjudicación de contratos públicos o sus vínculos con el crimen organizado.
Vale decir que hay un grupo adicional que nos remite a ese ejército de mexicanos -la mayoría silenciosa-, que no externa sus opiniones en redes sociales, ni en reuniones, ni en columnas o artículos en medios de comunicación.
Ese voluminoso grupo, que no pertenece a los segmentos del voto duro ni está cooptado por los partidos políticos o el gobierno, tiene en su mano el poder del sufragio para el 2 de junio próximo y será el fiel de la balanza en la decisión de cambiar o no de régimen. Esa porción de compatriotas no ha sido cuantificada ni valorada por las encuestas, probablemente por la ausencia de un mecenas.
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Periodista
Director de RedFinanciera