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La infancia, botín del crimen.

La infancia, botín del crimen.

Columnas miércoles 09 de septiembre de 2026 -




México envejece y el futuro de nuestro bono demográfico está en manos del crimen organizado. La muerte de “El Chuchito Nini”, un joven sicario de apenas 15 años que portaba y presumía armas de alto calibre, confirma el reclutamiento de menores al servicio del crimen organizado.

Ejemplos sobran, la historia reciente registra niños sicarios; niños halcones; niños autodefensas; narcomenudistas; asaltantes; payasitos de cruceros, e infantes prostituidos.
La pobreza sigue siendo un motivo para incorporarse a grupos armados y garantizar un ingreso que les permita comida diaria.

Los menores mexicanos son víctimas de un estado y sociedad que les vulneran todos sus derechos. Un sistema sometido por la impunidad, la corrupción y la ausencia de protección que los expone a un clima de violencia. Aunque no existen cifras oficiales, la Red por los Derechos de la Infancia estima que entre 30 mil y 35 mil menores son reclutados, anualmente, por la delincuencia.
Los niños sicarios, son nuestra vergonzosa realidad. Que uno de cada 10 niñas y niños de entre 13 y 15 años haya reportado haber sido contactado por grupos criminales es una cifraaterradora, convierte el problema en una emergencia nacional. Los datos deberían sacudir al gobierno, al Congreso y a toda la sociedad. No deben ocultarse detrás de estadísticas de programas sociales.

Desde 2011 el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas pidió al Estado mexicano tipificar como delito, el reclutamiento de menores. Hay más de 100 iniciativas de ley que se han presentado en éstos 15 años y ninguna ha sido aprobada.

No estamos hablando solamente de delincuencia. Estamos hablando de niños que deberían estar en un salón de clases, jugando, aprendiendo, construyendo sueños y pensando en su futuro, pero que en México son vistos por el crimen como una reserva de mano de obra.

El Dr. Irving Rosales, académico del Departamento de Economía, en la Universidad Iberoamericana, advierte que, en contextos de pobreza e instituciones débiles, algunas familias ya no enfrentan únicamente el dilema de mandar a sus hijos a la escuela o ponerlos a trabajar, pues existe una tercera posibilidad, mucho más peligrosa: que terminen incorporándose a actividades ilegales.

Sin duda, un planteamiento que debería ocupar el centro de la discusión pública. Porque cuando el crimen organizado puede ofrecer a un adolescente dinero, pertenencia, protección, reconocimiento o simplemente una salida frente a la precariedad y el Estado sólo le ofrece promesas, discursos y programas fragmentados, la batalla empezó con una enorme desventaja. El crimen no necesita reclutar en las escuelas si las condiciones sociales ya le abrieron la puerta. Y ahí está la verdadera tragedia social y el gran desafío para el gobierno y sociedad.

Así las cosas, la discusión sobre el presente y futuro de las infancias, tiene que convertirse en una prioridad presupuestal y social. Porque una nación que no protege a sus niños termina pagando la factura cuando crecen.

@guillegomora




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