Efectivamente México acaba de superar a España como la gran economía de lengua española, además de ser, indudablemente uno de los grandes ejes del desarrollo mundial, ante el proyecto de predominio mundial estadounidense en detrimento de China. México podrá pasar por gobiernos limitados o circunstancias naturales críticas, pero su relevancia ante la manufactura de tecnología con alto valor agregado, ha generado un permanente flujo económico que habrá de incrementarse a corto plazo.
Que México logre excelentes resultados en manufacturas tan detalladas, con tal cantidad de recursos en la formación del personal especializado adecuado, no lo podemos atribuir solamente al indispensable proceso universitario que el país debe fortalecer, sino también a su crisol cultural que subyace en el alma de una sociedad heredera de tales tradiciones, en donde el amor al detalle aparece desde una pequeña artesanía, hasta los grandiosos retablos barrocos que enaltecen el cosmos virreinal, que late en cada símbolo de un todo que hoy día se expone a la realidad de los tiempos.
La cultura mexicana igualmente tiene el poder de ser unificador identitario de una América Latina a la que realidad económica y cultural, la convierte en una de las grandes sociedades contemporáneas, que claramente incrementarán flujos migratorios continentales que ya podemos ver ahora, no limitado a los Estados Unidos, sino a América del Norte como el mayor polo de desarrollo mundial.
La sociedad mexicana debe de recordar que no es la primera vez que su territorio ostentó tal papel en el continente, la gran Teotihuacán, con su comercio de obsidiana, motivó incluso tener flujos migratorios mayas, o qué decir del momento donde la Nueva España era el eje comercial con Asia, a través de la Nao que trasladó productos por el Pacífico, y después hacia Europa. No es la primera vez que el intercambio comercial, ha generado cultura, y donde además del auge económico, el beneficio espiritual se incrusta en el imaginario y la mente de nuestra imponente cultura.
La migración es parte de nuestra sociedad, y el país debe de asumir su posición mundial, adecuando sus instituciones y a su población, a la receptividad de otras partes de un mundo ya no limitado por prejuicios o fronteras, en donde la construcción de nuestras libertades, pueden repercutir para bien en un universo llamado hispanoamérica, como en grandes momentos de su historia lo ha hecho con grandiosidad y orgullo.