El tema de las Afores es muy sensible, porque todos creemos que vamos a llegar a viejos. Además, estamos conscientes de que no podremos o no quisiéramos trabajar luego de cierta edad. Las realidades demográficas y económicas han cambiado de forma mucho más dinámica que la legislación en materia de pensiones (y esto en todo el mundo). En este contexto, resulta que la Comisión Nacional del Sistema del Ahorro para el Retiro reportó que al cierre del tercer trimestre del 2022 , tuvieron una contracción anual de 10% en términos reales.
Esta es la primera vez que se contrae el saldo del fondo de afores acumulado, desde 1998. En términos de economía personal, 10% puede no ser considerado como un golpe tan devastador, pero en términos bursátiles sería considerado un desastre. He dicho, y reitero, que los dos grandes problemas del futuro mediato (como a 20 años) van a ser el suministro de agua potable, y el sistema de pensiones; lo serán en todo el mundo, y a pesar de las medidas que se tomen de aquí a ese día cero, donde ya no salga agua de la llave y donde se le diga al trabajador que tenía derecho a recibir su pensión, que no hay dinero, ni habrá.
Las declaraciones de las administradoras de los afores, muchas como de grabadora de banco que te deja en espera, son los acontecimientos de referencia obligada y que son caballito de batalla: “es que lo de Ucrania...”, “es que lo del Covid”, y así. Pero esas, suponiendo sin conceder que fueran las verdaderas causas, son las más próximas, y no ayudan a fijar los términos del debate que debe tenerse sobre el sistema de pensiones en México. La clave, de entrada, sería la revisión pormenorizada de la composición financiera de la inversión del fondo de afores. Una parte está en valores gubernamentales. Son los que se consideran más seguros, siempre y cuando no estemos en un escenario de default de deuda pública como los países más problemáticos (Argentina, Rusia).
Otra parte está en valores de renta variable. Ahí estamos hablando de mercado accionario, tanto nacional como internacional, y es ahí donde cabría preguntarse si es ideal que el fondo de pensiones de todo un país, que es del que dependerá el sustento de generaciones enteras, sea colocado en un mercado con alta sensibilidad a la coyuntura y la especulación.
Es cierto que tiene sus candados legales (nunca se va a meter el dinero de las afores en una start up de adolescentes pachecos), pero la pandemia demostró que los escenarios de desplome bursátil son imprevisibles hasta para los instrumentos anclados en los índices más seguros y las empresas más sólidas. Donde hay inversión en renta variable, hay riesgo y punto. Empero, tampoco hay que sobreestimar esta coyuntura. Es cierto que tanto el PIB de los países como el movimiento de la bolsa, y hasta de los valores de renta fija, tuvieron una situación anómala a partir del confinamiento y no se han estabilizado del todo.
En condiciones de inestabilidad “normal” aunque suene paradójico, las AFORES no habrían sufrido este golpe. Si se quiere un debate útil, debe ser en términos, primero, del destino que se debe dar al fondo para su sustentabilidad, y después, sobre quién controla su administración, sea público o privado. Lo que debe estar más seguro es el dinero, y luego, si se quiere, debatir las virtudes y vicios de que el administrador sea estatal o privado.
Los mayores miedos de los columnistas de negocios no parecen tan justificados. Si alguien (el gobierno o quien sea) pretendiera regresar al pasado, debería saber que eso es imposible, porque el sistema de AFORES se creó, precisamente, porque el viejo sistema de sustento cíclico se volvió financieramente inviable, tanto por el envejecimiento de la curva poblacional como por el decremento consistente de las cotizaciones en el seguro social a partir del boom del outsourcing que se permitió bajo el argumento de aumentar la “competitividad” de
México en el mercado laboral global.
Para decirlo en términos llanos: si se quisiera regresar al viejo esquema, primero tendríamos que lograr que hacer que millones de trabajadores que están en la informalidad o en el pseudo emprendimiento millenial, pagaran sus cuotas al IMSS, de ahora en adelante. Se antoja difícil.