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Lolis González Saravia, humanista, mediadora, transformadora

Lolis González Saravia, humanista, mediadora, transformadora

Columnas martes 21 de octubre de 2025 -

La conocí hace veinticinco años, aunque no en persona. Llegó a mí a través de la palabra, del relato emocionado de un luchador social que hablaba de ella con un respeto que sólo se tiene por los grandes. Era el entonces diputado Bernardino Ramos Iturbide, uno de los fundadores de la Unión de Colonias Populares del Valle de México, la UCP-VM, esa organización que dio la lucha para que esta ciudad dejara de ser administrada desde Los Pinos y comenzara a gobernarse a sí misma.

Es Dolores González Saravia, la Ilaman "Lolis", y dicen que, en las reuniones más tensas, cuando los conflictos parecían irreconciliables, ella no levantaba la voz: levantaba el ánimo.

Con una calma de hierro, lograba que la gente se escuchara, que el enojo se transformara en propósito. Así aprendí que hay personas que no hacen política desde los reflectores, sino desde el humanismo.

Hoy, que su nombre aparece en el proceso para encabezar la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, vale la pena detenernos a mirar más allá del nombramiento y preguntarnos algo más profundo: ¿qué sentido tiene la Comisión en esta nueva etapa de la ciudad? Porque si algo nos enseñó la Cuarta Transformación —y ahora la llegada de Clara Brugada al gobierno capitalino— es que las instituciones deben volver a su razón de ser:
servir a la gente.

Dolores González Saravia ha dedicado más de cuatro décadas a construir paz desde abajo.

Economista formada en la UNAM, se volvió formadora de formadores en el arte complejo de resolver conflictos sin borrar la dignidad de nadie. En Servicios y Asesoría para la Paz, mejor conocida como Serapaz, trabajó acompañando comunidades indígenas, colectivos de víctimas y movimientos sociales que se negaban a ser reducidos a una estadística.

Ahí estuvo cuando Oaxaca ardía en 2006 y las mesas de diálogo se sostenían apenas con la esperanza. Estuvo también cuando el Ejército Popular Revolucionario exigía mediación, y cuando las familias de los desaparecidos en Ayotzinapa clamaban por verdad y justicia.

No como funcionaria, sino como mediadora, como compañera, como mujer de paz.

No es casualidad que tantas personas del movimiento social, de las universidades y de la propia administración pública la reconozcan como una maestra. Ha formado a cientos de promotores de derechos humanos que hoy sostienen el trabajo territorial de esta ciudad. Habla con la claridad de quien aprendió que los derechos no se enseñan en los manuales, sino en la calle, en la casa de la víctima, en las asambleas.

Ese perfil -tan poco común en la esfera pública- es el que hoy necesitamos para la Comisión de Derechos Humanos capitalina.

Porque la CDHCM nació, en los noventa, como una institución incómoda, del lado de los ciudadanos frente al abuso, no como oficina de trámite. Fue pensada como contrapeso moral del poder, pero también como acompañante de las causas colectivas.

La llegada de un nuevo gobierno, con Clara Brugada al frente, abre la posibilidad de reavivar ese espíritu. Y para eso se necesita alguien que no venga a administrar el conflicto, sino a transformarlo. Que conozca de memoria el dolor social de esta ciudad, pero también la esperanza que la sostiene. Dolores "Lolis" González Saravia representa justamente eso: la síntesis entre experiencia y compromiso hu-mano, entre gobierno y comunidad. No porque sea amiga del poder, sino porque entiende su función más alta: servir sin servirse. La suya no es una carrera de cargos, sino de causas.

Por eso, más que un nombramiento, su eventual llegada a la Comisión sería un gesto simbólico: el de un gobierno que confía en la sociedad civil y que entiende que la defensa de los derechos no se decreta, se construye.

Hace veinticinco años escuché por primera vez el nombre de Lolis en voz de Bernardino Ramos. Hoy, al verla en la conversación pública, pienso que la historia le está dando la razón.
ENTRE GITANOS

FUSIONADOS

En el Congreso de la CDMX se dictaminó la fusión del Canal del Congreso y Comunicación Social. Dicen que es para "optimizar recursos" pero entre pasillos suena a control del relato.

Dicen que, cuando la cámara enfoca, el poder se encuadra. Veremos.

•Especialista en Ciencia Política y Gobierno
avilezraul@hotmail.com


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/CR

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