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Más Pepes y Menos Donald

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Columnas lunes 20 de enero de 2025 -

@onelortiz

https://youtu.be/-5yDiluxLD8?si=5May5-27bk0DtUoZ

El viernes 17 de enero, corrió la especie que Pepe Mujica había muerto, una noticia falsa que conmocionó a las redes sociales: el supuesto fallecimiento del expresidente de Uruguay y referente ético en la política mundial. Afortunadamente, la noticia fue desmentida, pero recordó la fragilidad de un hombre que, enfrentando una enfermedad terminal, continúa siendo ejemplo de sabiduría, sencillez y congruencia.

Pepe Mujica no es un héroe en el sentido mítico de la palabra. Su grandeza reside en su humanidad: un exguerrillero que pagó con años de prisión su lucha por la justicia social y que, al alcanzar el poder, gobernó con una austeridad que lo volvió un símbolo de la dignidad en la política. Mujica rechazó los lujos asociados con la presidencia y vivió en su humilde chacra, conduciendo un viejo Volkswagen mientras predicaba con el ejemplo sobre el valor de la sencillez y la integridad.

En contraste, este 20 de enero marca el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Trump representa el polo opuesto de Mujica: la ostentación, la mentira, la arrogancia y una política basada en el individualismo y la división. Su retorno al poder plantea una profunda pregunta sobre la ética en la política y el tipo de liderazgos que elegimos para guiar nuestras sociedades.

El contraste entre Mujica y Trump no es solo ideológico, sino profundamente moral. Mientras Mujica representa la política como un servicio a los demás, Trump encarna una política centrada en el poder por el poder mismo, en la acumulación de riqueza y en el desprecio por los valores colectivos. Mujica gobernó buscando siempre el bienestar de los más desfavorecidos, consciente de que la política debe estar al servicio del bien común. Trump, en cambio, ha construido su carrera política sobre la base del egoísmo, el engaño, la traición, la polarización y el ataque a los derechos fundamentales.

En un mundo atravesado por crisis de valores y liderazgos, la figura de Pepe Mujica es un recordatorio de que la política puede y debe ser un acto ético. Frente a la etapa de su enfermedad, desde hace años su legado nos insta a reflexionar sobre la necesidad de líderes que, como él, sean congruentes con sus principios y trabajen con humildad por el bienestar colectivo.

Hoy más que nunca, nuestro continente necesita más Mujicas y menos Trumps. Líderes que no solo hablen de ética, sino que la vivan con cada decisión. La política del futuro debe mirar al ejemplo de Mujica para recuperar la esperanza en un liderazgo basado en el servicio, la integridad y la empatía.¡Larga vida a Pepe Mujica! Ahora y siempre. Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce.


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