Una semana al año, en México la política se toma vacaciones. Llega la Semana Santa y, de pronto, el país baja la voz, baja el ritmo. No es que desaparezcan los problemas, ni las tensiones, ni las disputas, pero sí se nota la calma. Como si colectiva y naturalmente decidiéramos, aunque sea por unos días, dejar de discutir y empezar a respirar.
La Semana Santa no es sólo una tradición religiosa; es una institución cultural que ordena la vida pública. Desde hace siglos, entre procesiones, representaciones y silencios, se construyó un momento del año donde lo importante no es el poder, sino el espíritu. Y eso, en un país tan intensamente politizado como el nuestro, no es poca cosa.
Incluso el Estado laico ha terminado por adaptarse a esta pausa. Las escuelas cierran, las oficinas se vacían, las agendas se relajan. No porque haya una ley que obligue, sino porque hay una costumbre que pesa más que cualquier norma. Es una de esas paradojas mexicanas, donde una celebración religiosa rige el tiempo de la comunidad sin necesidad de reconocimiento oficial.
Pero lo más interesante no está en la estructura, sino en la actitud. Porque la Semana Santa también revela quiénes somos. Por un lado, el recogimiento, el respeto, el luto del Viernes Santo; por otro, la playa, la carretera, la convivencia, la fiesta. No elegimos entre uno u otro: convivimos con ambos. Así somos. Capaces de guardar silencio y respeto por la mañana y brindar por la tarde. Somos capaces de cargar una cruz simbólica y luego la maleta.
En política pasa algo similar. Los actores bajan la intensidad. Las declaraciones incendiarias se enfrían. Los conflictos no desaparecen, pero se encapsulan. Es una tregua no pactada. Un acuerdo tácito donde todos entienden que hay momentos en los que la sociedad necesita otra cosa: menos confrontación y más meditación.
Así es el poder. Porque gobernar no es sólo tomar decisiones, sino entender los tiempos del pueblo. Ya lo decía Ignacio Ramírez, “El Nigromante”, y lo traería a nuestros días el expresidente Andrés Manuel López Obrador, cuando decía, “yo me hinco donde se hinca el pueblo”. Hay que saber cuándo avanzar y cuándo hacer una pausa. La Semana Santa, en ese sentido, funciona como una válvula de descompresión. Permite que el sistema político no se sobrecaliente.
No es casualidad que, al terminar estos días, todo regrese con fuerza. La agenda se reactiva, los temas pendientes reaparecen, las diferencias vuelven a escena. Pero lo hacen después de un breve respiro colectivo que, aunque parezca menor, resulta fundamental.
Así que, más allá de credos o posturas, vale la pena asumir lo que estos días representan. Para quienes gobiernan, es un recordatorio de que la política no lo es todo. Para quienes observamos y opinamos, es una invitación a bajar la guardia, aunque sea un momento.
Que sirva entonces esta pausa para reconectar, para descansar, para pensar distinto. Para salir, para quedarse, para celebrar o para guardar silencio, según cada quien. Porque también de eso se trata el país: de sus contradicciones bien llevadas.
ENTRE GITANOS
RUMBO AL MUNDIAL: PRUEBA SUPERADA
El operativo por la inauguración del Estadio Banorte, en lo que corresponde al Gobierno de la CDMX, fue eficaz: movilidad contenida, expresiones públicas atendidas, accesos ordenados y un saldo positivo en seguridad y tiempos de traslado. Hubo coordinación visible entre dependencias y una buena lectura política del territorio. Hay áreas de oportunidad, como en todo. Falta afinar la operación interna del estadio, que no es competencia de la autoridad, pero que inevitablemente impacta la experiencia y seguramente recibirán recomendaciones del gobierno.
También nos dejó una postal reveladora: capitalinos que nunca habían abordado un Trolebús y que, de paso, recorrieron las calles de Santa Úrsula Coapa como si se tratara de un territorio desconocido, entre sorpresa, miedo y curiosidad; otros, con chofer, llegando hasta donde fue posible para después caminar el último tramo. Una mezcla de clases sociales, juntas pero no revueltas, todo en el marco de un ensayo rumbo al Mundial.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com