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“Paso horas pensando dónde  encontraremos comida”

“Paso horas pensando dónde encontraremos comida”

Global martes 05 de mayo de 2020 - 01:06

Por Redacción

Janeth y Roberto, forman parte del mayor alza de desempleo en Estados Unidos desde la Depresión. Salieron de Honduras buscando mejor calidad de vida para ellos y, en especial, para Allison, su pequeña hija de 5 años.
Ambos viven en las tierras del Tío Sam y, hasta que llegó la pandemia, tenían un trabajo que apenas les daba para vivir al día. Cuando la actividad económica se detuvo, los restaurantes en los que trabajaban los echaron.
Roberto, cocinero a mediados de la treintena, y Janeth, que está en los 40 y rellenaba vasos de agua en otro restaurante, gastaron 450 dólares de sus últimos pagos en una despensa básica. “Paso horas pensando, pensando en lo que haremos al día siguiente, dónde encontraremos comida al día siguiente”, dijo.
Semanas más tarde, sus menguadas reservas incluyen dos bolsas a medio llenar de cinco libras de arroz, una colección de tallarines, medio paquete de pasta, dos cajas de mezcla para hacer pan de maíz, cuatro cajas de pasas y latas de frijoles, piña, atún, maíz y sopa.
Ni Janeth ni su marido, Roberto, pueden optar a los subsidios por desempleo que entrega el gobierno estadounidense. Su situación migratoria, sus problemas con el inglés y sus dificultades de acceso a internet se combinan para impedirles acceder a los programas de ayudas del gobierno federal a los que pueden acudir durante el brote millones de los ciudadanos que acaban de quedarse sin empleo.
Los expertos en política alimentaria estiman que antes de la pandemia, en torno a uno de cada ocho o nueve estadounidenses tenía problemas para comer. Ahora se estima que hasta uno de cada cuatro se sumará a las filas de los hambrientos, dijo Giridhar Mallya, responsable de política en la Fundación Robert Wood Johnson para la salud pública.
Janeth y Roberto también tienen tres hijos adultos y ella es la mayor de tres hermanas en el país. El matrimonio ayuda a mantener alimentados a media docena de hogares en Estados Unidos y Honduras.
“¿Dónde podemos conseguir comida suficiente? ¿Cómo podemos pagar nuestras facturas?”, preguntó. Después repitió algo que ella y su marido dijeron una y otra vez durante varios días: Son gente trabajadora. “Nunca antes habíamos tenido que pedir ayuda”, dijo.
Los más vulnerables son inmigrantes, afroestadounidenses, indígenas norteamericanos, hogares con niños pequeños y trabajadores de economía colaborativa ahora sin empleo, indicó Joelle Johnson, del Center for Science in the Public Interest.




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JG/CR

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