Estamos a horas de conocer si continuamos la fiesta o nos vamos a llorar a las calles. El seleccionado de fútbol mexicano habrá de intentar llega a su quinto partido en una justa balompédica mundial, cosa que se convirtió en una maldición nacional.
Desde el Mundial de 1994 hasta 2018, México clasificó siete Mundiales consecutivos a octavos de final. En 1986 conseguimos como sede ir al quinto partido pero no se avanzó más. Hoy el colecltivo se pregunta ¿ Y si sí? y creo absolutamente necesario preguntarnos ¿Y si no?
El Ganador absoluto, hasta ahora, es la afición mexicana que ha dejado un excelente sabor de boca a los aficionados que de otras partes del mundo nos visitan.
El Pueblo de México no solo necesitaba, sino merecía esta fiesta luego de tantos años de miedos, de violencia y muertes, de incertidumbre, de corrupción de gobernantes llevada al cinismo. La “gobernanza de la maña”, coludida con no pocos servidores públicos de altos rangos ha dejado cicatrices que sanarán algún día pero que son las que finalmente propiciaron una euforia futbolística desmedida, disruptiva, excelsa que se manifiesta en las calles, en los transportes colectivos, en los “Fan Fest”. Necesitaba nuestro dolida nación una bocanada de oxígeno que le revitalizara el organismo.
Pero, irremediablemente es obligado, más allá de esta justificada fiesta anticipar de qué tamaño será la reacción cuando nos demos cuenta que todo ha concluído. El interés por el mundial disminuirá y solo si, Y SOLO SI EL SELECCIONADO MEXICANO pierde el partido final con dignidad y con la frente en alto el mexicano podrá quedar satisfecho.
Si terminamos como la mayor parte de las ocasiones ha sucedido esa euforia se convertirá en rabia y pocos extranjeros podrán entender por qué el mexicano pasó de la felicidad a la ira en tan poco tiempo.
Cuando haya terminado el sueño mundialista, acabe como acabe, estarán frente a nostros aún ahí un crecimiento nacional promedio anual de 0.8% en los pasados siete años, un proceso de renegociación del TEMEC incierto y presa de otros factores en la relación entre México y Estados Unidos, estará el estancamiento en inversión privada y una pública que hace su mejor esfuerzo sin conseguir nada relevante.
Seguirán si aparecer los desaparecidos. Prácticamente ninguna madre habrá encontrado los restos de su hijo y ninguno de los funcionarios que organizaron fraudes de estado estará sujeto a prisión como castigo a su culpa. Los mismos gobernadores de quienes sospechan liga con la “maña” seguirán tomando decisiones ejecutivas en su entidad.. El mundial del Fútbol pasará a ser el mejor activo de un recuerdo nacional.
Durante el período del DESARROLLO ESTABILIZADOR que tanto gustaba mencionar el Presidente AMLO (período entre 1945 y finales de los setenta) la inversión privada creció EN TÉRMINOS REALES, ya descontando la inflación, en 8.1% anual promedio y la inversión pública lo hizo a una de 6.9% REAL ANUAL. Entre 2010 y 2018 la inversión privada creció 1.2 por ciento real anual y la pública 3.6% real anual promedio.
Entre 2018 y 2026 la inversión privada se encuentra en un nivel superior 2.3% al que se encontraba a finales del 2018, o sea un promedio anual de 0.28% SIN CONTAR EL EFECTO INFLACIONARIO de cada uno de esos años.
La inversión pública ahora tiene que corregir lo que demanda de reinversión gran parte de los proyectos emblemáticos de López Obrador y el “apriete del cinturón” continuará en el 2026 y 2027. Habremos de invertir más de 50% del tramo sexenal en pagar las facturas que dejó el sexenio previo.
Entonces Lavaremos la cara de todo lo anterior recordando los bonitos recuerdos del mundial del 2026.