En un contexto donde la confianza pública se construye y se acredita en tiempo real, la respuesta de la UNAM al incidente del examen de admisión truqueado fue oportuna. Lejos de minimizar los hechos o de prolongar la incertidumbre, los órganos de gobierno universitario actuaron con agilidad, reconocieron la existencia del problema y establecieron un curso de acción claro, transparente y responsable. Esa capacidad de reacción habla de una estructura de gobierno que funciona, mantiene abiertos sus canales de comunicación y entiende la dimensión del compromiso adquirido con miles de aspirantes y sus familias.
La definición de un calendario preciso para la reposición y continuidad del proceso impugnado permitió ofrecer certeza, preservar la equidad entre las y los participantes y garantizar que el principio del mérito académico permanezca como eje rector de ingreso. Esto permitirá privilegiar los derechos de las y los aspirantes, fortalecer la confianza en sus mecanismos institucionales y reprochar públicamente, con severidad y denuncias, las trampas y triquiñuelas, ofreciendo, además, garantía de no repetición.
La Universidad ha construido su prestigio durante décadas gracias al rigor académico, la autonomía, la pluralidad y una permanente vocación de servicio al país. Esa trayectoria no puede evaluarse a partir de un solo episodio sino a la luz de una historia en la que millones de personas profesionistas, investigadoras, artistas, científicas y servidoras públicas encontraron en sus aulas el espacio para desarrollar su talento y contribuir al progreso de México.
Y es que la relevancia de la UNAM trasciende el ámbito educativo. Es un actor fundamental en la vida social, al ampliar oportunidades de movilidad y cohesión; en la esfera cultural, preserva y enriquece el patrimonio intelectual y artístico de la nación; en el desarrollo económico, forma capital humano de excelencia e impulsa la investigación y la innovación; y en la vida pública, constituye un espacio privilegiado para el pensamiento crítico, el debate informado y la construcción de soluciones para los grandes desafíos nacionales.
Precisamente por esa importancia estratégica, la Universidad de la Nación está llamada a mantener los más altos estándares de calidad y rendición de cuentas. En ella descansan buena parte de las esperanzas de movilidad social, desarrollo científico, difusión de la ciencia, creación cultural y consolidación democrática del país. Defender a la UNAM no significa ignorar sus desafíos; significa reconocer que su mayor fortaleza radica en la capacidad de enfrentarlos con responsabilidad, apertura y eficacia.
Mirar hacia adelante implica preservar ese patrimonio colectivo: que la inmarcesible, integérrima UNAM continúe siendo una institución intachable, ejemplo de excelencia académica y referente ético para las generaciones presentes y futuras, a la altura de la confianza que la sociedad mexicana ha depositado en ella y del papel igualador que desempeña en la construcción de un porvenir nacional incluyente y democrático.
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