El ayatolá Ali Jameneí, quien fue la máxima autoridad política y religiosa de la República Islámica de Irán durante casi 37 años, falleció tras un bombardeo conjunto de Estados Unidos e Israel dirigido contra objetivos estratégicos en Teherán, anunciaron fuentes internacionales y confirmaron medios estatales iraníes.
Estados Unidos e Israel ejecutaron la ofensiva en el marco de una operación militar de gran escala, y el presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró que Jameneí “no pudo evadir nuestra inteligencia ni nuestros sofisticados sistemas de rastreo” y calificó su muerte como un acto de justicia global.
Jameneí, de 86 años, había ejercido como líder supremo desde 1989, posición que le confería autoridad por encima del presidente y lo convirtió en la figura central del régimen teocrático. Aunque no gozaba de las mismas credenciales religiosas que su predecesor, el ayatolá Ruhollah Jomeini, consolidó el sistema de gobierno de los clérigos chiíes y reforzó el papel de la Guardia Revolucionaria Islámica como fuerza dominante tanto en la política como en la economía del país.
Su mandato se caracterizó por la represión de protestas internas y el fortalecimiento de alianzas regionales con grupos como Hezbollah en Líbano y los hutíes en Yemen, así como por mantener una postura desafiante ante Estados Unidos e Israel.
La televisión pública iraní, así como la Guardia Revolucionaria, también confirmaron la muerte de Jameneí y de varios de sus familiares en los ataques. El gobierno iraní declaró un periodo de 40 días de luto nacional y prometió una respuesta “firme y decisiva” ante lo que calificó como un acto terrorista por parte de las potencias occidentales.
La incertidumbre sobre la sucesión al liderazgo del país se intensifica en medio de una región ya convulsionada por el conflicto, mientras líderes internacionales hacen llamados a evitar una escalada mayor.