Jaime Arturo Ruiz | @
jaimeruizmxjaime@primermovimiento.com
- Ruta, kilometraje, carga, tiempos de operación, infraestructura energética y costos son variables clave para identificar dónde la electrificación puede generar valor y construir un caso de negocio antes de escalar.
¿Cuánto cuesta el camión? ¿Qué autonomía ofrece? ¿Dónde se va a cargar? Son preguntas habituales cuando una empresa comienza a evaluar la incorporación de vehículos eléctricos a su flota.
Sin embargo, para BYD Trucks México, existe una pregunta que debería plantearse antes que todas las demás: ¿la operación está realmente preparada para electrificarse?
La respuesta no depende únicamente de las características de un vehículo. La ruta, el kilometraje diario, el tipo de carga y aplicación, los tiempos de operación, la infraestructura energética disponible y los costos actuales forman un conjunto de variables que puede determinar la viabilidad operativa y financiera de un proyecto de electrificación.
El planteamiento supone un cambio de paradigma para los administradores de flotas. En lugar de comenzar por la selección de una unidad y posteriormente adaptar la operación a sus características, la estrategia parte del análisis de la operación para determinar qué vehículos, rutas y aplicaciones tienen mejores condiciones para dar el primer paso hacia la electrificación.
Para BYD Trucks México, esto significa entender la electromovilidad como un ecosistema en el que vehículo, tecnología, infraestructura energética, operación y servicio deben evaluarse de manera conjunta. El objetivo es pasar de una decisión centrada en el producto a una estrategia basada en datos y resultados.
«“La electromovilidad no debería iniciar con una cotización, sino con un diagnóstico. Antes de elegir una unidad necesitamos entender la operación que deberá realizar: sus rutas, kilometraje, carga, tiempos y necesidades energéticas. Cuando partimos de datos reales podemos identificar dónde la electrificación tiene sentido y construir una estrategia alineada con las necesidades y objetivos de cada negocio”, señaló Anel Hernández Serrano, Directora de Marca de BYD Trucks México.»
Del precio de adquisición al costo real de operar
La discusión alrededor de los vehículos eléctricos para transporte de carga ha evolucionado conforme la tecnología gana presencia en los mercados. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA), las ventas globales de camiones eléctricos superaron por primera vez las 400 mil unidades en 2025, el doble que un año antes, y alcanzaron aproximadamente 9% de las ventas mundiales de camiones. Los camiones pesados eléctricos también registraron un fuerte crecimiento, con ventas cercanas a 230 mil unidades durante el año.
El crecimiento confirma que la electrificación del transporte de carga dejó de ser únicamente una tendencia tecnológica y comienza a adquirir una dimensión económica y operativa cada vez más relevante.
Sin embargo, el precio de compra continúa siendo una de las principales barreras: la IEA señala que los camiones eléctricos todavía pueden costar entre dos y tres veces más que sus equivalentes diésel en mercados importantes, aunque la diferencia puede compensarse mediante menores costos de energía y operación cuando los vehículos tienen una utilización suficientemente alta.
Por ello, comparar únicamente el precio de adquisición puede ofrecer una visión incompleta.
El indicador que adquiere mayor relevancia es el Costo Total de Propiedad (TCO, por sus siglas en inglés), que permite evaluar cuánto cuesta realmente poner y mantener un vehículo en operación durante su vida útil.
En una flota eléctrica, este análisis puede incorporar variables como:
- Consumo de energía por kilómetro.
- Precio y estructura tarifaria de la electricidad.
- Kilometraje y nivel de utilización.
- Costos de mantenimiento.
- Infraestructura y equipos de carga.
- Potencia eléctrica requerida.
- Tiempos de recarga y ventanas operativas.
- Disponibilidad de los vehículos.
- Vida útil y aprovechamiento de la batería.
- Características de las rutas y condiciones de carga.
La IEA destaca precisamente que el atractivo económico de los camiones eléctricos aumenta conforme crece su utilización, gracias a su mayor eficiencia energética y a menores costos de energía frente a los vehículos convencionales en determinadas condiciones.
Seis variables para saber dónde comenzar
No todas las operaciones presentan las mismas condiciones para electrificarse. Una flota de reparto urbano, por ejemplo, puede tener patrones completamente diferentes a los de un vehículo dedicado al transporte de larga distancia.
Por ello, BYD Trucks México plantea analizar seis variables antes de definir una estrategia.
1. Ruta.
Conocer los recorridos habituales permite determinar distancias, topografía, tráfico, velocidades promedio y posibilidades de recarga. Las rutas con recorridos predecibles y retorno frecuente a una base pueden ofrecer condiciones particularmente favorables para comenzar.
2. Kilometraje diario.
La distancia recorrida determina tanto las necesidades de autonomía como el potencial de ahorro energético. Un vehículo que trabaja de manera intensiva puede tener mayores oportunidades de aprovechar la diferencia entre los costos energéticos y operativos de una solución eléctrica y los de una unidad convencional.
3. Tipo de carga y aplicación.
No es lo mismo transportar mercancías ligeras que operar con cargas elevadas o realizar aplicaciones que requieren equipos auxiliares. El peso, la carrocería, los ciclos de trabajo y las condiciones de operación influyen directamente en el consumo energético.
4. Tiempos de operación.
Las ventanas de trabajo y los periodos en los que el vehículo permanece detenido son fundamentales. Una unidad que regresa diariamente a una base durante varias horas puede aprovechar ese periodo para realizar una recarga programada.
5. Infraestructura energética.
Electrificar una flota también implica analizar la capacidad eléctrica disponible, ubicación de cargadores, potencia requerida, horarios de carga y posibles necesidades de ampliación de infraestructura. En otras palabras, no basta con tener un vehículo eléctrico: hay que garantizar que la energía necesaria esté disponible cuando y donde se necesita.
6. Costos actuales.
El punto de comparación debe ser la operación existente. Combustible, mantenimiento, kilometraje, disponibilidad y productividad permiten establecer una línea base contra la cual medir el desempeño de una alternativa eléctrica.
Este diagnóstico permite cambiar la pregunta de “¿puedo sustituir este vehículo por uno eléctrico?” a cuestiones más estratégicas: ¿dónde tiene sentido electrificar?, ¿cuál será el impacto en el TCO?, ¿qué infraestructura necesito?, ¿qué ruta ofrece el mejor punto de partida y cómo puedo escalar posteriormente?
La infraestructura también forma parte del vehículo
Uno de los errores más comunes al evaluar la electrificación es considerar el cargador como un elemento independiente. En realidad, infraestructura y vehículo forman parte de un mismo sistema operativo.
La selección de la solución de carga debe responder a factores como el tamaño de la batería, los kilómetros recorridos, la disponibilidad del vehículo, las ventanas de operación y la capacidad eléctrica del sitio.
Esto también obliga a estudiar el consumo energético de la flota y su comportamiento a lo largo del día. Una estrategia de carga bien diseñada puede contribuir a evitar tiempos muertos, aprovechar las ventanas disponibles y controlar el impacto energético de la operación.
En determinados casos, además, la infraestructura puede requerir adecuaciones eléctricas antes de incorporar las primeras unidades. De ahí la importancia de realizar el diagnóstico con anticipación y no después de adquirir los vehículos.
El piloto como herramienta para construir el caso de negocio
Una vez identificadas las rutas y aplicaciones con mayor potencial, el siguiente paso puede ser implementar un proyecto piloto.
Más que una demostración tecnológica, un piloto permite obtener información de la propia operación. Durante esta etapa pueden medirse variables como autonomía real, consumo energético, tiempos de recarga, disponibilidad, comportamiento de la batería, costos por kilómetro y desempeño bajo diferentes condiciones de carga.
El valor está en contrastar las proyecciones con la realidad.
Un modelo puede indicar que determinada ruta es adecuada para electrificación; sin embargo, la operación diaria puede revelar oportunidades de optimización, necesidades adicionales de infraestructura o ajustes en los horarios de carga. Estos datos permiten corregir la estrategia antes de comprometer una inversión de mayor escala.
De esta manera, el piloto se convierte en una herramienta financiera y operativa: reduce incertidumbre, genera evidencia y permite construir un caso de negocio basado en información propia.
«“El reto ya no es solamente demostrar que un camión eléctrico puede operar. El reto es identificar dónde puede generar valor y construir las condiciones para escalarlo. Ahí es donde los datos de la propia operación se convierten en una herramienta de decisión”, agregó Hernández.»
Electrificar de manera selectiva para después escalar
La evolución del mercado global muestra que el transporte de carga eléctrico está avanzando, aunque a velocidades diferentes dependiendo del segmento y la región. La IEA proyecta que, bajo las políticas actuales, los camiones eléctricos podrían representar al menos 20% de las ventas mundiales de camiones hacia 2035.
Para las empresas mexicanas, el reto consiste en traducir esa tendencia global a las particularidades de cada operación.
No existe una fórmula universal para electrificar una flota. El mismo vehículo puede ofrecer resultados muy distintos dependiendo de la ruta, el kilometraje, la carga, el ciclo operativo y las condiciones de energía disponibles.
Por ello, la transición puede plantearse como un proceso gradual: diagnosticar, identificar las aplicaciones adecuadas, implementar un piloto, medir resultados, ajustar la estrategia y posteriormente escalar.
La ventaja de este enfoque es que permite reducir el riesgo de tomar una decisión exclusivamente basada en especificaciones técnicas. La autonomía deja de ser un número aislado y se convierte en una variable dentro de un ciclo operativo; el precio de compra se analiza junto con el TCO; y el cargador deja de ser un accesorio para convertirse en parte de la infraestructura productiva de la empresa.
La electrificación, en consecuencia, no necesariamente empieza con la compra de un camión. Empieza con el conocimiento detallado de la operación.
No todas las rutas tienen que electrificarse primero. La clave está en identificar cuáles sí.